sábado, 28 de noviembre de 2015

un corte que no sangra+Taxi Teherán+Yo, él y Raquel


Por Tesa Vigal

Ese título, 'un corte que no sangra', que apunta a un dolor inquietante, lo oí en la radio, en un programa literario empezado, a través de la voz del autor del poemario, José Luis Gómez Toré, recitando algunos de sus versos. "¡Un poeta!", sentí al escucharlo y al día siguiente lo busqué en una librería, porque un poeta no se cruza en mi camino todos los días, aunque haya un montón de gente que escribe poemas. Lo digo porque a mí me parece obvio, pero a otros no. 



La poesía te acerca, peligrosamente, a ti y al mundo, más allá de sus datos, asombrando, inquietando, revelando, estremeciendo... Suele ir acompañada de vértigo y es lo más alejado de lo tópico y de lo superficial en que se basa lo cursi. Es decir, su flecha se dirige y surge de lo profundo, crea escaleras, fusiona mundos, da la vuelta a los guantes y, como diría Alexandre: "la poesía es conocimiento implacable". O en frase de Hördelin o Hoffman (no recuerdo ahora cuál de los dos): "la poesía es el presentimiento de lo infinito". La poesía tampoco está relacionada con la erudición, sino con la sensibilidad, como diría Henry Miller.

Como muestra del buceo asombroso de este pequeño poemario, cito algunos de sus versos:
"Las palabras que no quieren arder conservan un rescoldo, el riesgo de la llama y la ceniza". "Pero un tacto persiste. / Como rozar de pronto un límite incendiado". "El animal inmóvil/ dicta una pausa al tiempo.". "La vida es la celada en que caemos". 



Este mes también he visto dos interesantes películas que recomiendo. Aunque no lleguen a ser memorables me parecieron especiales y conmovedoras por su humilde encanto triste. Una es 'Taxi Teherán, ganadora del festival de Berlín 2015, de Jafar Panahi, que es también el taxista de la película. con un planteamiento cotidiano nacido de la situación clandestina de su director, a cuyo taxi van subiendo surrealistas personas entrañables, como dos mujeres con un pez rojo en la redonda pecera, que necesitan llegar a un manantial antes de las 12 del mediodía para no morir. Así lo dicta su temerosa superstición de la que no llegamos a conocer los motivos. 

El enano "camello" de cine

O un enano que vende clandestinamente los vídeos de las pelis occidentales prohibidas en Irán, a modo de camello del cine. O la abogada que visita a familiares de presos políticos, por lo que ha sido expulsada del ejercicio de su profesión, de manera similar al director taxista, salido de la cárcel en el 2010 con la prohibición de volver a rodar, salir del país, o comentar públicamente sus películas. 



Lo más conmovedor, incluso a veces desconcertante, es su serena sonrisa al volante, marcando la diferencia entre resignación y aceptación. Y sentí una inmensa melancolía ante su sobrina, una niña de unos diez años, que recoge a la salida del cole, ya con su pañuelo islámico y sus brazos cubiertos con correcta manga larga, que no se separa de su cámara de vídeo, charlando con naturalidad con su tío sobre las directrices dadas por su profesora para el vídeo que tienen que hacer en clase: velo islámico, los buenos llevarán barba, los malos llevarán corbata y la necesidad de distinguir entre cosas terribles y reales. Este último punto la niña no lo entiende. Yo tampoco.

Algunas de las versiones caseras de los chavales
de pelis míticas
Parecido aire de inocencia reivindicada, algo muy distinto de la ingenuidad (sí, hay que hilar fino...) está también presente en la película premiada en Sundance 'Yo, él y Raquel', de Alfonso Gómez Rejón. Por un lado, los entrañables chavales del instituto protagonistas, que hacen curiosas revisiones caseras, a modo de personales homenajes artesanales, de películas míticas, (por ejemplo 'Apocalypse now', 'los 400 golpes'...), interpretando ellos mismos a los personajes y añadiendo partes animadas. 


Por otro lado traban amistad con otra chica del instituto que tiene cáncer (el título auténtico de la peli es 'Yo, Earl y la chica moribunda') y comienza una historia de acercamiento cotidiano con la muerte que tiñe de melancolía a contrapelo cualquier detalle, incluso la cara de un gato. A contrapelo porque los tres comen helados en la calle sin decir que sólo existe el presente, pero viviéndolo de manera inevitable. Porque lo único firme que tienen es su torpe sinceridad, sus incómodos buenos deseos que no pegan con la ironía adolescente, su inútil necesidad de comprender la vida. 

Esa manera de trasmitir sensaciones sin mencionarlas, salvo en un par de momentos, me recordó a ciertas pelis de Rhomer tan jóvenes, tan cotidianas, tan perplejas... Ninguna de estas dos pelis es una comedia, ni tampoco un drama. Me parece que son historias en el filo sin darle importancia, ni siquiera con el recurso de poderlas etiquetar. Es más, poniendo en evidencia que eso no es necesario.         

jueves, 15 de octubre de 2015

'Lejos de los hombres' de David Oelhoffen


Por Tesa Vigal

Esta película atípica está basada en un relato del atípico Camus: 'El huésped', con toda la carga humana de su visión libre, especialmente incómoda en épocas de marcadas confrontaciones, ya sean políticas o religiosas (en este caso la guerra de Argelia). Un profesor (Viggo Mortensen) da clases a niños argelinos en una escuela perdida, rodeada de montañas, lejos de todo. Allí recibe el encargo de conducir a un árabe, que ha matado a un hombre, hasta una ciudad cercana, aunque también lejana. Él se siente ajeno a esa orden, a ese cometido, pero acabará aceptando por motivos personales, para ayudar a ese hombre al que persiguen sus primos para matarlo, cuando él mismo le pide que le lleve a esa ciudad. También se entera de que van a cerrar su escuela, porque no hay en ella niños franceses, y la guerra impone separar a la humanidad en amigos y enemigos. Una de las peores consecuencias de cualquier guerra, aunque en épocas de paz también funcione esa tendencia bajo la forma de prejuicios. 

Y, sin embargo, esta película no es una película bélica, ni tampoco un western, sino la dimensión poética que supone todo recorrido íntimo. Cuanto más profundo es el camino más se tropieza con la integridad, el espejo que no admite máscaras, descubriendo que el único compromiso posible es con uno mismo. No existe objetividad en las guerras, tan sólo en apariencia, puesto que quienes las actúan y sienten son seres humanos y la misma circunstancia es vivida de manera distinta por cada persona. 


En esta fascinante película viajera se refleja esa condición, de no encajar en parte alguna, de manera tan sobria que me recordó el recorrido mágico de 'Jauja' (otra curiosa película protagonizada por Viggo Mortesen). A su atmósfera poderosa se añade la música de Nick Cave con todo el misterio de la sombra, el polvo, las ruinas abandonadas, el cielo abalanzándose sobre las colinas rocosas, lo fácil que puede ser matar y lo difícil que es vivir de verdad. 

Historia sobre el instante, el camino, la respiración... Como la que acompaña a la impresionante mirada de Viggo Mortensen al abrazar tímidamente a una mujer. Historia sobre los límites personales y lo infinito de un recorrido a través de los áridos paisajes argelinos. Esos recorridos que no sólo son externos. Nunca lo son.

martes, 15 de septiembre de 2015

'Canciones de amor a quemarropa' de Nickolas Butler


Por Tesa Vigal

Otro descubrimiento en los libros del asteroide. Esta vez a través de la recomendación de una conocida, sumado a la curiosidad que me producía el título. No sólo es el del libro, sino el del primer disco que compone uno de los protagonistas de la historia. Una historia que me emocionó especialmente porque habla de la amistad. Eso tan escaso, que muchos confunden con conocidos, y que yo echo tanto de menos. Cariño, apoyo, confianza, libertad, lealtad, complicidad, incluso más allá de divergencias de ideas. Con un amigo se puede pensar en voz alta. Se puede estar en silencio sin que resulte incómodo. Se comparten por igual nuestras debilidades y nuestra fortaleza, nuestras manías, sueños, contradicciones. En una amistad no hay intenciones. No se trata de parecer sino de ser. Y aunque alguna vez los caminos se separen, esa conexión tan íntima permanece en nuestra memoria como un faro, melancólico o esperanzador. Pero brillante. 



Lo maravilloso de 'canciones de amor a quemarropa' es que logra transmitir esa atmósfera de calidez inimitable y aún en los desencuentros, aparentes traiciones, rivalidades o malentendidos, sigue latiendo es conexión con los otros tan personal como insustituible. Si existe un hogar, es allí donde anida la amistad auténtica. Donde puede haber conflictos, pero nunca soledad en compañía. Y esa sensación de hogar (a veces, por desgracia, opuesta a la familia) me resultó conmovedora y envidiable. 

Los amigos del músico no tienen nada de particular, salvo uno de ellos al que todos cuidan tras un accidente provocado por su alcoholismo, que lo convierte en todo un personaje inocente, conmovedor, misterioso a su manera, con una sinceridad desarmante que jamás duda de sus amigos, aunque tenga motivos. La historia está contada, alternativamente, por la voz en primera persona de cada uno de los amigos, pero yo diría que el protagonista es la atmósfera donde todos respiran ese contacto sutil que les enlaza, desde lejos, o a través de un rato compartiendo unas cervezas. Dos de ellos, Henry y Beth, se han casado y tienen dos niños, y su casa suele ser el punto de referencia más firme porque optaron por ser granjeros y quedarse en el pueblecito. Sin embargo, en ellos también está todo un pasado de relaciones afectivas, a veces secretas, a veces sencillas, obvias, o intrincadas. Y la propia amistad acoge toda esa red, incluso a pesar de ellos mismos. 

La valentía en los afectos siempre es profunda. Y lo auténtico de esta historia me desarmó. Como ejemplo este párrafo: 
"-No me dejes solo ¿vale?
Entonces Henry me dio un abrazo y yo me puse a llorar, pero él me apretó tanto que cualquiera habría dicho que quería romperme las costillas (...) Entendí que era más fuerte que yo, mejor que yo.
Nos quedamos al lado del arroyo pasándonos un porro y contemplando cómo el agua se llevaba las hojas hacia el Misisipí. Hacía mucho que no fumaba y me subió rapidísimo, las palabras salían de mi boca como notas musicales que podía ver y tocar: ante mis ojos, las letras de cada palabra, como en una pancarta, se alejaban flotando". 

En este mes también he ido al cine y me han gustado algunas pelis, sin ser memorables ('Bernie' de Linklater, original, turbadora y 'Cut Bank' de Matt Shakman, con John Malkovich rozando lo entrañable). 

Bernie explicando cómo se prepara a un muerto
 antes de meterlo en el ataúd

Cut Bank
También fui con un grupo de gente a ver 'Casablanca', al Bellas artes. Había una chica, muy joven, cuya cara perpleja me hizo preguntarle su opinión a la salida, pero la gente del grupo eligiendo lugar para tomar una cerveza cortó el tema. Sólo me enteré de que había ido por casualidad, para ella esa peli no era famosa, y solía ver cine de acción. Eso explicaba su cara de perplejidad. Ante mi pregunta "¿te ha gustado?", respondió "no sé, no me esperaba esto... tan extremo". Me quedé sin saber a qué se refería con "extremo", 


pero me hubiera encantado saberlo. Y su visión, carente de prejuicios hubiera sido interesantísimo escucharla, pero en la mesa larga del bar acabé sentada en otro extremo. En fin, un curioso motivo para mencionar esa peli, con la que volví a flipar.


       

miércoles, 12 de agosto de 2015

'Más extraño que la ficción' de Marc Foster y 'Lennon recuerda' (dedicado a la revista 'Mandrágora y el Pirata')


Por Tesa Vigal

He seguido frecuentando el café Comercial, aunque al enterarme de que lo cerraban he recordado el tiempo más especial que viví en él. Además de los motivos de los que ya han hablado muchos (uno de los cafés más antiguos y preciosos de Madrid, lugar de tertulias y actos culturales varios, etc), a principios de los 80 recorrí todas sus mesas varios días a la semana, para vender la revista 'Mandrágora y el Pirata' que hacía con unos amigos.
Portada del nº 6 de Mandrágora y el Pirata
Por amor al arte, porque el dinero que sacábamos (turnándonos por zonas) era para pagar un plazo a la imprenta. Aquel proyecto fue una locura maravillosa, una época febril, en la que volqué en textos apasionados mi fascinación por el arte. El arte como explorador de la esencia de la vida, transformador de las personas casi siempre de forma sutil, aunque a veces puede ser un ramalazo, una revelación. Siempre me atrapó el misterio de lo creativo, de dónde surge y para qué. Seguramente para aprender a vivir, igual que el juego de los niños, por eso tiene una base lúdica. Invocando mundos, historias vivas con las que ver desde fuera la nuestra, evitar errores, o descubrir soluciones, tesoros, mapas, soñar, o nadar... 



Época inmersa en la apabullante sensación de sentidos, significados, hasta que acabé quemada por tener que ocuparme también de la parte práctica del asunto. Convencer a alguien de algo, vender mi trabajo, no es lo mío. Así que al cabo de dos años dejé la revista para no tener que seguir vendiéndola. En fin, una de mis limitaciones. Lo de Mandrágora venía por una rara novela de principios del siglo XX, llamada así (hablaré de ella en el blog de libros con aliento, en alguna entrada futura). Por eso fue una sorpresa descubrir que existía un bar llamado así (siempre me he quedado con las ganas de saber si ellos también habían puesto el nombre por la inquietante novela). El caso es que vendiéndola por los bares nos pasaron cosas curiosas, una de ellas le pasó a uno de los amigos del equipo de la revista. Esa noche él la vendía en el café Comercial, cuando el café fue atacado por unos ultras (en aquella época de la transición el café era para ellos un nido de progres). Rompieron los cristales y un gran pedazo afilado pasó volando junto a la cabeza de mi amigo. 

Café Comercial tras el cierre

Tras recordar todo esto, junto con algunos episodios íntimos, asocié también títulos de pelis, libros y música (por ejemplo 'Rock and roll suicide' de Bowie, o 'series of dream' de Dylan que son parte de la música de fondo de este texto). Entre otras cosas me quedo con dos curiosidades. Una es una peli del 2007, y la otra un librito editado en los 70.

La película 'Más extraño que la ficción' de Marc Foster tiene un especial encanto escurridizo, ambivalente, con una larga sugerencia que se despliega en preguntas, y preguntas dentro de cada pregunta. Y al ser una comedia todas se aceptan y acaban formando un juego de espejos que permite mirar y mirarte, sin asustarse. Al fin y al cabo, es un juego fantástico sin importancia. ¿O no? 

Un hombre atrapado de manera obsesiva en su vida cotidiana (Will Ferrell), empieza a oír, un día ante el espejo, una voz femenina que relata lo que está haciendo en ese momento. Lavándose los dientes contando las veces exactas que pasa el cepillo. Ni una más, ni una menos. A partir de entonces se ve desde fuera, (me recuerda al observador que contempla nuestros pensamientos en la meditación), asustado va al psiquiatra que le habla de una posible esquizofrenia, pero un día escucha esa misma voz en la tele. Es la voz de una escritora (Emma Thompson) y esa escritora está escribiendo la historia de ese hombre obsesivo y atrapado: él, quien la ve en la pantalla asombrado, perplejo, turbado. Tanto que acude a un profesor universitario de literatura (Dustin Hoffman), que resulta ser un admirador de la escritora. Escucha con naturalidad muy creativa la historia que le cuenta aquel hombre y le advierte que en todas las obras de esa escritora el protagonista acaba de mala manera, muriendo más pronto que tarde. 


El hombre, trastornado por todo lo que sucede y no entenderlo, empieza a cambiar de vida porque, al fin y al cabo, ya no puede tomarse en serio sus manías ni sus rutinas. Acaba enamorándose de una chica rebelde (Maggie Gyllenhaall) y conociendo a "su autora", que se asusta tanto como él de que su personaje exista realmente. Así que ¿la ficción se puede materializar? ¿cuándo y por qué? ¿somos el personaje que vivimos? ¿quién lo escribe y para qué? ¿son igual de reales el mundo cotidiano y el mundo de ficción? ¿el sueño y la vigilia? ¿nos acabamos encontrando con personas que reflejan algo pendiente de nosotros mismos y que rechazamos? ¿el destino existe y es lo que somos? ¿o al revés? y todo a partir de una peli divertida, pequeña en apariencia y muy original.

El librito, titulado 'Lennon recuerda' es una entrevista para la revista Rolling Stone, en los 70, por su fundador Jann Wenner. A uno de los amigos del equipo de la revista 'Mandrágora y el Pirata' le gustaría. A Yuri Silver (su seudónimo, todos usábamos uno como una prolongación lúdica. Yo me puse Duncan por la bailarina Isadora y el amigo del cristal era Francis Drake). El librito es también original, a ratos muy interesante, por momentos divertido, o directamente desconcierta, o alucina. Aunque reconozco que la mayor parte está indicada para músicos por la concrección técnica en que a veces habla del tema, o para interesados especialmente en los Beatles o John Lennon. Aún así tiene joyas sugerentes, como el párrafo delirante en el que cuenta la primera vez que se tomó un ácido, por cortesía de un dentista a los miembros de los Beatles. Salieron a la calle y no sabían lo que pasaba: Era horripilante pero fantástico. Hice algunos dibujos (...) y luego la casa de George parecía un submarino. Lo conducía yo. Todos se fueron a la cama. Yo seguí, parecía flotar por encima de las paredes, que eran diez pies de altas".


Sobre si le gustaría volver atrás, a la época de los Beatles: "Me gustaría ser pescador. Ya sé que suena tonto y que preferiría ser rico a ser pobre y todas esas mierdas, pero el dolor (...) los tontos son los que mejor se lo pasan, o algo así. Si no lo ves, no te duele".

Sobre lo que le gusta: "A mí, tío, lo que me gusta es el rock and roll".

Sobre su repercusión: "Hay un señor en Inglaterra que se llama William Mann (...) hablaba de cadencias eólicas y otros términos musicales por el estilo y, a pesar de que no eran más que estupideces, nos introdujo a los intelectuales" (...) Intelectualismo y lo de la habilidad musical, eso es la mierda de los conservatorios, no son capaces de hacer música sin tener delante una partitura, no tiene nada que ver con la música (...) al rock le pasa como al jazz, me parece, los incompetentes van hacia el perfeccionismo y los otros en otra dirección".

Sobre un libro sobre los Beatles de Hunter Davies: "Era mierda pura (...) las giras de los Beatles eran como 'el Satiricón' de Fellini (...) estas cosas y los hijos de puta que éramos se omiten".

"Escribo canciones porque es el trabajo que he elegido y además, porque no puedo evitar escribirlas (...) sí, crear es un resultado del dolor".
Dibujos Lennon

Frase curiosa vista en retrospectiva, casi parece profética de su asesinato: "Estoy harto de todos esos hippies agresivos, o lo que sean (...) Muy quedados conmigo (...) como si les debiera algo (...) me dan miedo". 

Sobre las leyendas urbanas de mensajes escondidos: "Sí, me hacía gracia que se hubiera armado tanto jaleo (...) todo eso de tócalo hacia tras mientras haces el pino, etc". 

Para acabar una frase sobre el movimiento contracultural: "Fue una simple ojeada a todas las posibilidades".







   

jueves, 16 de julio de 2015

'Las diez mil cosas' de Maria Dermoût y el disco 'sacred espirit' de cantos y danzas de los indios americanos


Por Tesa Vigal

'Las diez mil cosas' es un libro único, escrito a los sesenta años por su autora holandesa, Maria Dermoût, que nació en las islas Molucas y allí vivió muchos años. El escritor Hans Konig, que escribe el prólogo, dice de él que es un libro animista. Estoy de acuerdo, a pesar de sentir la misma contradicción que su protagonista, quien siente el espíritu que anima todo lo existente, aunque por otro lado le da miedo sentirlo. Me la imagino poniéndose a escribirlo porque necesitaba dejar constancia, atestiguar aquella etapa de su vida porque sigue desbordando lo cotidiano, a pesar del tiempo transcurrido. Algo excesivo. Supongo que, en comparación, sus últimos años en Holanda debían parecerle pálidos, insípidos, pequeños. Quizás por eso no escribió el libro ni como holandesa (su familia tuvo una antigua plantación de especias, ya abandonada en los años de principios del siglo XX en que transcurre la historia), ni como nativa, sino como ser humano tocado por el misterioso poder del viento, sensible a todo ser vivo. Por eso dice de ella Koning: "El suyo era un desdén, cercano a la compasión, hacia las líneas divisorias, los odios y los miedos". 



También comparto la impresión de Pilar Adón (esa fascinante escritora actual) de que transmite una salvaje melancolía. Salvajes, es decir puros, los cangrejos, el mar, las medusas, los árboles centinelas, las perlas (lágrimas del mar), los tambores, los pomelos, las salsas de almejas, la danza sagrada, el hombre que se teñía su pelo de azul, los fantasmas de tres niñas, las flechas, las especias y su olor penetrante. Un día al año, la mujer del pequeño jardín se queda sola para dedicar esas 24 horas a todos los asesinados en la isla. Que ella sepa; un chiflado catedrático escocés, una cocinera nativa de innumerables amantes y fervorosa bailarina, un marinero, las tres hermanitas envenenadas, un comisario javanés ahogado por su amante y su propio hijo cuya garganta fue atravesada por una flecha en su juventud, mientras se reía.

Cada uno de estos asesinados tiene su historia que se cuenta, o se esboza, o se recuerda, o se invoca, quien sabe, a lo largo de las partes del libro. Y el título alude a una vieja canción, 'las cien cosas', que se le canta a un muerto para que no olvide lo esencial de su vida. Una canción que terminaba pidiéndole que nunca olvidara la bahía y a continuación: "un sostenido y melancólico e-e-e-e, e-e-e-e, que se alejaba rozando el agua de mar". 


Por todo esto, y por la extraña poesía que me ha transmitido, me ha hecho recordar un disco especial. Creo recordar que salió en los 90 y es una recopilación de danzas y cantos de los indios americanos. Se titula 'sacred espirit' y está en abierto, por si a alguien le atrae la música poderosa (lo opuesto a música de fondo) aquí lo incluyo, sugiriendo que se escuche de pie, sentado, o tumbado, pero con los ojos abiertos, incluso en el caso de que te pongas a bailar sin poder evitarlo. Y no es precisamente un disco bailable.  


lunes, 22 de junio de 2015

3 películas peculiares: 'Aguas tranquilas' de Naomi Kawase, 'El desencanto' de Jaime Chávarri y 'Pride' de Matthew Warchus


Por Tesa Vigal

'Aguas tranquilas', de Naomi Kawase, comienza con la imagen de furiosas olas, en la costa nocturna del Japón rural. La tranquilidad del título alude a la aparente calma, el contenido silencio de uno de sus adolescentes protagonistas. También a la apacible, alegre serenidad con la que la madre de su novia, una chamana de dulce sonrisa, espera su muerte inevitable por una enfermedad incurable.

Nunca había visto el Japón rural actual. Y me conmovieron la comunicación sin palabras con el espíritu del árbol centenario, la presencia llena de alma en ese jardín donde la chamana contempla lo que nadie más ve. La relación lúdica, emotiva, de esa madre joven con su hija adolescente y su marido, una persona honda que practica el sentido del humor mientras fuma y charla con las dos. Esa escena en la que la chica se tumba en el regazo de su madre y ella, a su vez, se tumba en el regazo de su marido, y éste bromea diciendo que es una pena que él no tenga a nadie en quien tumbarse. 



Canciones ancestrales, hogueras en la playa, ceremonia animista bajo la luna, viejecito pescador que parece salido de cualquier tiempo. Poderosas imágenes que van tornándose ambivalentes, luego laberínticas, según surge el atormentado mundo interior del chaval y su relación con su misteriosa madre y con su simpático padre que vive en Tokio y a quién va a visitar. Sus padres están divorciados y es como si su mundo interior estuviera desajustado por las dos facetas, aparentemente opuestas, que personifican su madre y su padre. 

Tatuajes. Su novia, la hija de la chamana, que acostumbra bañarse vestida y bucear en el mar. El cadáver tatuado que aparece en la playa, al día siguiente de la fiesta lunar. Me fascinó esta historia abarrotada de matices y tormentas.

Ya había visto hace mucho tiempo 'El desencanto', de Jaime Chávarri. No tenía especiales ganas de verla otra vez, pero la quedada de la página del grupo de cine, que suelo frecuentar, era en el centro La tabacalera de Lavapiés. La balanza se inclinó por una visita al barrio de mi infancia. Hacía meses que no me pasaba por allí. Tampoco es mi barrio favorito (lo es Malasaña), pero la puñetera infancia es lo que tiene. Lavapiés me produce afectos encontrados porque allí están, en el aire, o en el aire en contacto conmigo, mis pozos afectivos. Ternura, traición, agujeros negros, vecinas esperpénticas, la salvación a través del rock, los libros, bailar... Así que siempre que voy algo me toca, removiéndome por dentro, por eso es posible que una película que vea allí me afecte más. Para bien o para mal.



Además es una original película, un documental que no lo es porque parece una película, sus protagonistas parecen de ficción aunque son auténticos. Está contada por ellos mismos, sin guión y sin trama. Diciendo lo que quieren ante la cámara, o charlando, o discutiendo, a su manera entre ellos. Y, claro, no es para menos porque el tema lo pide. El tema es la familia y nosotros en ella. En concreto una familia conflictiva, es decir a su manera. Porque, como decía Tolstoi todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. 

Sin embargo, me resultó curioso que para alguien de la página la película tratara de los Panero, motivo por el que no le interesaba. Se me ocurrió que esta película, proyectada en cualquier parte, se entendería muy bien porque familias hay en todos los sitios, aunque jamás hubieran oído hablar de dos poetas con ese apellido. 



Seres que se preguntan, sin hacerlo, sobre su lugar en el mundo. Incómodos con ellos mismos y con su familia. La madre revive con la muerte de su marido. El hijo mayor aferrándose a un papel de poeta que, sin embargo, vive auténticamente el hermano mediano, por quien siente una corrosiva envidia. El hermano mediano, el extraño, el incómodo, el que menos encaja en esa familia de desadaptados. Quien reprocha a su madre haberle metido en un manicomio al enterarse de que tomaba drogas. Blandas, en aquellos años, es lo que había (las duras llegaron en los 80). En esa escena a tres, su madre se defiende justificándose por la situación insólita de aquellos tiempos y no saber qué hacer. El tercero en esa escena es el hermano pequeño. Encantador, lúdico y perdido, quizás el más melancólico de todos a pesar de ser quien más sonríe. 

Y algunas de sus frases: "Todo lo que yo sé sobre el pasado, el futuro y sobre todo el presente de la familia Panero es que es la sordidez más puñetera que he visto en mi vida, que son todos una panda de memos..." (Michi). De Leopoldo: "el colegio era una institución penal"  y "En la infancia se vive y después se sobrevive". Abajo fragmento de la peli. Está entera en youtube para quien le interese.




La tercera película peculiar es todo lo contrario. 'Pride' de Matthew Warchus es luminosa, alegre, solidaria, honesta. Me emocionó esa lucha a favor de, en lugar de contra de, que impregna de integridad esa historia real de apoyo de gays y lesbianas a los mineros galeses en los duros tiempos de la dama de hierro, Margaret Thatcher. 



Cuestión de actitudes, de conectarse a un camino. Cuestión de corazón, de humanidad, de ludismo, de libertad. En una de sus frases, y la letra de una canción minera, se dice "queremos pan pero también rosas". Elemental, aunque a algunos se les olvide. Ambas cosas son imprescindibles para vivir. Como diría Lorca: "Pan para el cuerpo y pan para el alma".             

jueves, 21 de mayo de 2015

'Como la sombra que se va' de Antonio Muñoz Molina


Por Tesa Vigal

Este libro estremecedor es una historia sobre las historias. Todas las historias, incluyendo las personales, son parte de otras historias. Comienzan con la primera señal significativa, de circunstancias internas y externas girando en torno a un proceso concreto traducido en hechos, que la distinguen del resto sin olvidar que siguen entrelazadas con las demás.


Un camino al que de pronto se conecta lo que antes parecía arbitrario, banal, sin rumbo... Creo que en la vida personal también sucede así, incluso cuando no somos conscientes de ello. Igual que en los sueños. Esa naturaleza de las historias de ficción me fascina. Ese completar, explorar su sentido, rescatar momentos que te asaltan, enfocar detalles para descubrir la verdad a través de la imaginación. Una falsa mentira.

En el caso del libro de Muñoz Molina ese proceso se centra en la propia vida del autor, en el momento vital en que tomó contacto con Lisboa y así surgió el hechizo de su novela 'Un invierno en Lisboa' y en paralelo la exploración de otro recorrido personal, el del asesino de Martin Luther King, quien pasó diez días en Lisboa en su huida desde Menphis.

Dos huidas con diferentes rumbos. Muñoz Molina huía del lado castrador de lo cotidiano, en busca de lo extraordinario en sensaciones, emociones, música y personajes. Así habla de música y escritura en este párrafo de la novela: "... su mezcla de disciplina y abandono, de ardua destreza técnica y control absoluto y al mismo tiempo improvisación y arrebato, de liviandad y hondura, de velocidad y lentitud. Era así como yo quería escribir, con un impulso poderoso y sin saber a dónde iba, a veces en línea recta y a veces dejándome llevar por rodeos en los que parecía perderme y en los que inesperadamente encontraba un sendero".
Lisboa

El asesino de Martin Luther King en 1968, James Earl Ray (su foto en la portada, cuya mirada me estremece), eligió Lisboa en busca de una vida de violencia "justificada", como mercenario en Angola, entonces colonia portuguesa en África y en guerra. No logró que le dieran el visado y regresó a Londres donde fue detenido. Por cierto, me resulta curioso que tanto Lisboa como Menphis, la ciudad del asesinato donde empezó su huida, tienen tranvías y ambas están a la orilla de un río.

En los dos periplos paralelos se exploran sus motivos, los del escritor y los del asesino. Y al hacerlo queda clara la diferencia, de hecho, entre comprensión y justificación. Comprender es necesario, tanto para comunicarnos poniéndonos en el lugar de otros, como para defendernos de ellos si es necesario. Sobre todo comprender aquello que se sale de lo usual: el mal, lo destructivo, por ejemplo. Es entender los mecanismos humanos, frecuentes o excepcionales, que conforman este mundo misterioso en el que vivimos.
Menphis

Los mecanismos del asesino de Menphis parten de una infancia feroz, una familia rezumando actitudes destructivas. Y eso no justifica nada, atisbamos las otras direcciones que el asesino no tomó y que hubieran podido rescatarlo de su particular callejón sin salida. Ejemplos tan duros o más los ha habido, con rumbos de vida muy distintos. Y al ver desde fuera la trayectoria vital de James Earl Ray me compadecí de él, porque él fue su primera víctima. 

En la novela le vemos arrastrando el peso de su soledad, el de su traje serio, el de su patético y escueto equipaje con un transistor y novelas de espías. Soledad envuelta en revistas y periódicos atrasados, alfombrando el suelo de sus habitaciones de hotel para leer las noticias que hablen de él y de su huida. le vemos visitando bares de mala muerte, oyendo hablar sin entenderlas a las prostitutas a las que contrata. Vemos el atisbo de un intento de comunicación, en el gesto de regalarle a una de ellas el bañador de un escaparate, al que se ha parado a mirar camino del hotel, cuando su dinero se acaba, y una cita en la playa para el día siguiente a la que no acudió, al que no podía acudir porque era el fugitivo más buscado por el FBI. Vemos el desprecio hacia el mundo que le aísla cada vez más. Su patético delirio de grandezas, al querer convertirse en protagonista de sus novelas baratas de espías. Sentimos su odio, su dolor, su negación del lado bueno de la vida, concentrado en la figura de Martin Luther King, para él falsa, inadmisible. 
Martin Luther King en la terraza del Motel Lorraine, donde
fue asesinado al día siguiente

Y el autor de la novela sigue sus pasos por Menphis y Lisboa, en un conmovedor rastreo de la naturaleza humana, sus abismos y sus salidas, sus contradicciones, sus infiernos. Incluyéndole a él y a todos nosotros. Las últimas páginas del libro, centradas en la víctima Martin Luther King, tienen una especial humanidad al recoger casi con mimo sus debilidades y sus sueños. Por eso el final de la novela me impactó especialmente, con ese sonido que oye la amante del asesinado sin saber de qué se trata. Hasta que descubre que ese sonido de raspar es el que hacen los empleados del Motel Lorraine, al limpiar las manchas de sangre. 

Todo ello transmitido gracias a la inolvidable atmósfera que crea Muñoz Molina, a su poesía, su hondura, su portentosa fluidez. Algunas páginas me dejaron temblando, en otras me horroricé, en otras caí en la melancolía, y al cerrar el libro volé.     

       

jueves, 23 de abril de 2015

'Proyectos de pasado' de Ana Blandiana, para lectores altamente sensibles


Por Tesa Vigal

Añadiría para lectores que disfrutan siendo absorbidos, perturbados, incluso raptados. El lugar a donde te lleve seguramente no tendrá nombre, será laberíntico y te costará encontrar la llave de la puerta porque descubrirás que no hay puerta. Que estás en medio de un bosque donde puedes ir a cualquier parte, nada te lo impide en apariencia, pero tendrás la impresión de que es allí donde quieres quedarte.

Eso es también lo que ocurre en el relato que da título a este libro memorable, cuando detienen a los novios e invitados a una boda de un pueblo y los sueltan en medio de un paraje desconocido y allí viven durante diez años, recreando el mundo, conviviendo partiendo de cero con lo esencial de la vida, que entonces se les revela haciendo palidecer su anterior vida cotidiana. Cuando les dicen que ya pueden volver a su pueblo, esa noche dudan en quedarse allí y tras el regreso todo les parece pálido, pequeño, secundario, porque han vivido en contacto con lo esencial y esa experiencia será imborrable y les cambiará para siempre. 


Su autora (en la foto), desconocida para mí, es una figura legendaria en su país Rumanía, según cuenta la contraportada del libro. No me extraña. Me ha parecido una escritora única, de las que desbordan etiquetas, aunque se pueden hacer aproximaciones. Sus relatos tienen algo de realismo fantástico, aunque la misma definición se te cae de las manos por quedarse pequeña. Son poéticos, con toda la largura que puede llegar a tener esa palabra. Vida desafiante, situaciones turbadoras, buceo en el mar inconsciente que todo lo cuestiona, lo acaricia, lo devora, lo convierte en pura sensación avasalladora. A mí me dejó temblando y eso me ha pasado con muy pocos libros en mi vida.

En otro de los cuentos: 'Lo soñado', la narradora se da cuenta de que está soñando y eso no la despierta sino que la hunde más profundamente en ese universo tratando de descubrir la naturaleza de lo que vive. Siendo fascinante el tema de los sueños lúcidos, este relato va más allá, preguntándose sobre la naturaleza de quien sueña que sería la verdadera identidad que vive. 

En otro, titulado 'Aves voladoras para el consumo' lo inquietante del universo se plasma en el choque brutal entre la circunstancia cotidiana de una profesora que consigue que le presten una gallina, para mejorar las condiciones de racionamiento y colas en las tiendas de alimentación desprovistas, pensando que así podrá empollar los huevos que le ha suministrado un enigmático viejo asegurando que son huevos de aves aptas para el consumo. El problema viene al cabo de los días, cuando la gallina empieza a dar muestras de una agitación histérica y los huevos eclosionan. Pero de ellos no sale un monstruo, ni ningún pájaro inusual, ni siquiera insólito. De los huevos nacen angelitos y la forma en que la profesora los contempla, con asco, con estupor temeroso, con una perturbación tan honda y estupefacta como la de la pobre gallina enloquecida, acaba convirtiéndose en un desafío rebelde que le sirve al mismo tiempo para lanzar la pelota del desconcierto ante lo extraordinario, en medio de una de sus clases en la universidad. Hasta allí lleva los angelitos metidos en una cesta y los deja salir libremente, cortando de cuajo el párrafo académico de uno de los asistentes. Y así termina, con esa escena irremediable, que pone patas arriba el mundo sin saber qué pasará a continuación. 


En sus cuentos sale un delfín herido en una playa, rodeado de gente que afirma que no es un delfín auténtico, que se nota que es artificial. Hasta que un niño proclama su verdad frente a la actitud sistemáticamente incrédula de los mayores. Aparece un gato entre la gente que ha vuelto a la edad de piedra en el bosque y se van turnando su cariñosa compañía cada noche. Se esparcen miles de sensaciones en una sola frase. Saltan apariencias turbadoras que desbaratan pensamientos. Una familia recibe al atardecer mensajero que viene a detener a su padre y no saben si invitarle a cenar, o no, mientras esperan el tren del amanecer en el que partirán el mensajero y su padre. Un espíritu tiene que fingir que come y abre la puerta de su casa con la llave para evitar ser descubierto. 

Editado por Periférica, una de esas pequeñas editoriales independientes, con una portada de lo más engañosa, es un libro tan fantasmagórico como la realidad más cotidiana. Tan abrumadoramente real como los sueños más intensos, esos que te persiguen el resto del día. Aunque huyas, la huida no es posible. Se suele descubrir en el momento más inesperado.  

jueves, 19 de marzo de 2015

Recordando 'El miedo a la libertad' de Erich Fromm tras el reestreno de 'Blade runner'


Por Tesa Vigal

Llueve. Hace un rato consulté la página de los cines Renoir para ver lo que estrenaban esta semana y me encontré una fascinante sorpresa. En una de las salas ponen 'Blade runner'. Ahora estoy en una terraza cubierta fumándome un cigarrillo antes de entrar a verla. Como ya hablé de ella en la primara entrada del blog www.peliculasecreta.blogspot.com me limito a recomendarla de nuevo para los interesados en películas que van más allá de un género. Eso la hace especial, pero no sólo eso, aunque me pregunto si al verla de nuevo me decepcionará. 


Día siguiente. A punto de llover. La verdad es que me sorprendí del efecto que me causaba la película, desde el mismo comienzo. No recordaba tanta abrumadora atmósfera, incesante como la lluvia que atraviesa la historia y va calando en todos sus personajes. En mí como espectadora también. Esta vez reparé en una escena que había olvidado. Una secuencia repentina de un unicornio galopando a través del bosque, a continuación explicada cuando Harrison Ford le dice a la replicante que ama: "He soñado con música". También me quedé con las figuritas de papel que va dejando a su paso uno de los policías, como un objeto convertido en huella que te pregunta y te hace preguntarte. Sugerencias y más sugerencias. Aquí añadiré, al texto de la entrada que mencioné más arriba, varias imágenes.


Los replicantes mencionan varias veces a los humanos (¿o era sólo a Harrison Ford?) que no es agradable vivir con miedo. El miedo es lo que enjaula la libertad. Lo que convierte en objetos, o etiquetas a las personas, lo que condena al diferente, la base del carácter autoritario, o cualquiera de sus ideologías. Y recordé el libro de Erich From, tan famoso en los tiempos de la contracultura, 'El miedo a la libertad'. Escrito en plena guerra mundial para explicarse el auge del nazismo en Alemania, que Fromm ubica en las bases autoritarias del calvinismo con su secuela de divinización del trabajo y su alergia a la alegría, lo espontáneo, la auto realización... Todo lo que se salga de los dogmas impuestos, de manera violenta (los más fáciles de descubrir) o de manera sutil, incesante y demoledora (los más difíciles de combatir, porque logran sepultar bajo sus convenciones los valores propios de una persona) y aquí entraríamos en la sociedad occidental actual con su encumbramiento del tener por encima del ser.

Hojeándolo me he encontrado con estas frases subrayadas:
Sobre el amor para el masoquismo, una de las derivaciones del carácter autoritario: "el amor posee el significado de dependencia simbólica y no de afirmación mutua y de unión sobre una base de igualdad (...) la extrema subordinación del yo individual a una entidad superior". 



"La victoria de la libertad es solamente posible si la democracia llega a constituir una sociedad en la que el individuo, su desarrollo y felicidad constituyan el fin y el propósito de la cultura; en la que la vida no necesite justificarse por el éxito (...) una sociedad, por fin, en la que la conciencia y los ideales del hombre no resulten de la absorción en el yo de demandas exteriores y ajenas, sino que sean realmente suyos y expresen propósitos resultantes de la peculiaridad de su yo". 

Sobre la esencia de las ideologías y el carácter autoritario: "... busca el cumplimiento de la vida en su negación misma, en la aniquilación del yo (...) y su sumisión a un poder superior". 

"Si nos limitamos a considerar solamente las necesidades económicas (...) si no alcanzamos a ver el sufrimiento del individuo automatizado (...) entonces no nos habremos dado cuenta del peligro que amenaza a nuestra cultura desde su base humana: la disposición a aceptar cualquier ideología o cualquier líder, siempre que prometan una excitación emocional y sean capaces de ofrecer una estructura política (...) La desesperación del autómata humano es un suelo fértil para los propósitos del fascismo".

"El hombre moderno vive bajo lo ilusorio de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se supone (socialmente) ha de desear".



"Emplean palabras como "infantil" o "neurótico" para denunciar aquellos rasgos o tipos de personalidad que no son conformes al modelo convencional del individuo "normal".

"La destructividad. Esta es el producto de la vida no vivida".

Lo autoritario "está arraigado en la desesperación extrema, en la absoluta carencia de fe y conduce al nihilismo, a la negación de la vida (...) experimenta sólo la dominación o la sumisión, jamás la solidaridad. Las diferencias, sean de sexo o de raza, constituyen necesariamente para él signos de inferioridad o superioridad. Es incapaz de pensar una diferencia que no posea esa connotación". 

Acabo ya, aunque el libro lo tengo plagado de subrayados en verde fosforescente, con esa frase que se aplica a mil y una actitudes, circunstancias y replicantes (volviendo a 'Blade runner). "Preguntas, preguntas", repite el replicante Roy en la película. Lo malo es cuando dejamos de hacérnoslas a nosotros mismos.  En busca de la libertad interior, la base firme de cualquier otra. Al salir del cine también llovía en la calle.












  

jueves, 19 de febrero de 2015

'Una canción del pasado', un blues hecho película


Por Tesa Vigal

Esta película independiente de Shainne Gabel (título original 'A love song for Bobby Long') me pareció todo un blues y no por la maravillosa música de New Orleans donde está ambientada, sino porque esa es su atmósfera. Honda, sencilla, subterránea por momentos, inadaptada, arrastrándose como un saxo por esquinas cotidianas, corazones sin salida, soledad. No en vano el libro tan querido por dos de sus personajes es el turbador, triste, fascinante 'El corazón es un cazador solitario' de la gran Carson Mc Cullers (hablé hace poco de su relato 'La balada del café triste' en http://www.librosconaliento.blogspot.com ). Un libro sobre perdedores, inadaptados varios, que va soltando su melancolía sobre cualquier reunión de amigos al atardecer. Un escritor culpable, un antiguo profesor atormentado, una chica en busca de la casa de su madre muerta, cantante de blues, donde viven sus amigos refugiados en ella en nombre de la soledad en compañía.



Y es de esas películas que son pequeñas, sin pretensiones, sin largos alcances, de las que dices que no es nada del otro mundo, pero tienes que reconocer que su atmósfera se te ha metido dentro. La auténtica interpretación de una Scarlett Johansson de 18 años no me sorprendió demasiado, pero sí la enorme humanidad que aporta a su personaje John Travolta y el resto de personajes secundarios que se miran a los ojos sin esperar nada, siendo ellos mismos sin acabar de estar. Quizás eso convierte a alguien en inadaptado en tiempos en los que predomina el estar y el tener.

Uno de ellos menciona que los libros son mejores que la vida. Me quedé con esa frase porque no dice que sean más bonitos, sino mejores. A mí me sugirió esa esencia de la ficción que se centra en explorar los hilos de una vida, para encontrar su sentido. Algo que tratamos de hacer con la nuestra, en esas etapas en las que se impone el cuestionarlo todo y nos perdemos en los momentos muertos, en los que vivimos sin vivir. La ficción los deshecha para centrarse en el hilo de la trama de la vida que sí tiene sentido, que sí es vivida, que sí que apunta al alma aunque sigamos entre interrogantes. 



Otra frase es "el camino más directo al cielo pasa por el infierno". Me recuerda a un verso del enorme músico Lou Reed, en una de sus canciones: "Hay que atravesar el fuego para llegar a la luz". Y quizás hay que hacerlo sin intenciones, sin prisa, aquí y ahora. Como diría Bob Dylan: "Quien no está ocupado naciendo está ocupado muriendo".

De esta película no esperéis gran cosa, pero la recomiendo. 

  



miércoles, 21 de enero de 2015

'Birdman' sobrevolando el reino de la luna naciente


Por Tesa Vigal

'Birdman', la última película de Alejandro G. Iñarritu, me gustó de diferente manera que sus anteriores pelis. No me dejó hundida, como 'Amores perros'. No me impactó como '21 gramos', ni me impresionó como 'Babel'. Me caló con el curioso efecto de una situación con capas escondidas, a la que no sabes clasificar. Estuve de acuerdo con una conocida cuando la llamó película rara. Sólo que ella parecía usar ese adjetivo de manera preventiva, como algo no deseable. Sin embargo algo 'raro' a mí me suele sugerir algo en principio interesante y que despierta mi curiosidad. Luego, ya veremos. Para salir de dudas le pregunté en qué sentido le parecía rara. Y su propia expresión ya fue una respuesta. Me miró como si acabara de escuchar una pregunta también extraña, o incluso impertinente, y accedió a responderme diciendo que 'Birdman' era rara por su manera de contarla. 



Estoy de acuerdo en ese punto. Yo lo llamo originalidad. La historia se cuenta de manera envolvente, siguiendo a los personajes a través de los pasillos del teatro, o la calle, o donde sea, sin soltarle. Los técnicos creo que lo llaman plano secuencia. A mí ese término me da igual y no creo que diga nada a los que quieran saber sobre la peli y no sobre su técnica. Dejando eso aparte me encantó esa forma de contarla porque es una historia que envuelve, precisamente, hacia fuera por el montaje de una obra del escritor Carver, con la que el protagonista trata de poner dignidad en su vida y en su carrera, de vieja estrella de cine que se hizo famosa al interpretar a un super héroe en los noventa. El Birdman que da título a la película. También es envolvente hacia dentro, hacia el interior de los actores que interpretan a esa obra de Carver, con toda la fragilidad, emociones contradictorias, deseos infantiles de ser queridos...

O la honestidad conmovedora de Edward Norton (siempre tan buen actor) y su entrega problemática a la verdad del escenario, cuando bebe ginebra en lugar de agua, ya en los ensayos porque así lo cuenta esa escena, o cuando se empalma en una escena de cama y, ante la revuelta incomodidad de la actriz que le acompaña (Naomi Watts) quiere follar con ella.

El hombre pájaro del que quiere huir el actor que lo encarnó en el pasado, también contiene algo de su seguridad perdida, contiene el secreto de su capacidad de volar, que es lo que finalmente le rescatará (para unos malamente, para la hija del viejo actor, será un rescate liberador). Como no quiero destripar historias así queda este comentario. Quien quiera entenderlo que vea esta película, con magníficos actores, sobre lo vulnerable de los seres humanos y las diversas neuras con las que tratamos de escapar de nuestras carencias, de nuestra necesidad de cariño que siempre acaba por hacernos huérfanos, aún rodeados de la acción frenética de los dos días anteriores al estreno de una obra de teatro.
Michel Keaton y su voz interior el hombre pájaro

Y viendo a Edward Norton, recordé otra película original en la que intervino y que habla también de la fragilidad humana y la inocencia liberadora de nuestros sueños, siempre con raíces infantiles: 'Moonrise Kingdown' del personalísimo Wes Anderson.

En esa historia, que vi hace poco en la filmoteca, ella y él (sus principales protagonistas, aunque es una deliciosa película coral) tienen 12 años y juntos se escaparán (ella de su casa, él del campamento de boy scouts) porque sienten que no tienen lugar en el mundo y porque sienten que vivir es habitar el reino de la luna creciente, o es nada. Creo que ya mencioné de pasada esta inclasificable película en otra entrada, pero me apetece hablar más de ella.



Los dos chavalines son huérfanos, aunque la niña tiene padres y hermanos y en teoría 'no le falta de nada', esa frase tan tonta que suele esconder montones de agujeros y algún que otro abismo. Por eso no siente su familia a su familia. Los dos conservan la integridad de la infancia, en una actitud pura que contempla a los adultos que les rodean como seres tristes, o vencidos, por haber perdido su vida por el camino. Mientras que esos mismos adultos (conmovedores, o inquietantes Frances MacDorman la madre, su marido Bill Murray, su amante el jefe de policía Bruce Willis y el jefe del grupo de boy scouts Edward Norton) contemplan a los dos niños como seres incómodos a los que hay que buscar y proteger, no tanto como a niños, sino por sus acciones ingenuas, o irresponsables. 


La madre y su amante el poli viven una desganada y triste aventura. El padre parece siempre ausente de cualquier rasgo vital. El jefe de grupo de scouts siempre caminando como un zombi entre los niños, con su eterno cigarrillo melancólico grabando cada noche, en un magnetófono, el informe diario del campamento.

Lo mejor y único de esta película es su aire de rebelde pureza, de corazón en la mano que impregna su forma de contarla, como un cristal mágico que rescata la esencia de la vida: una aventura enigmática. olvidada, negada, o asumida. Una sencilla historia que vuela, o se arrastra con una transparencia de un encanto indefinible. 



La vida de los adultos queda desnuda, revelando sus lógicas insensatas con apariencia cotidiana, a ras del suelo. Pero cualquier cosa que diga desvirtúa el efecto hechizante de esta película. Donde su forma de contarla tan libre, tan lúdica, tan honesta, sin pretensiones, infantil y soñadora tiene el mismo efecto inmediato y emocionante que una música que nos atrapa. Por cierto, la canción que escuchan los dos chavales en la playa, en un tocadiscos a pilas (la historia está ambientada en los primeros sesenta) es una deliciosa de FranÇoise Hardy, cuyo estribillo dice: "es el tiempo del amor, de los colegas y de la aventura".