jueves, 8 de febrero de 2018

Premios Goya a películas especiales. Y el linchamiento a Allen

Por Tesa Vigal


La librería
El sueño de 'La librería', de Isabel Coixet. Hay otras 2 pelis de ella que me fascinaron: 'Mi vida sin mí' y 'Cosas que nunca te dije' de la que hablé en el blog de cine. Ésta no, a pesar de una escena prodigiosa junto al mar, con dos personas de pie (enormes Bill Nighy y Emily Mortimer) más juntas de lo que están físicamente allí, ajenas al viento y al tiempo, dejando que se noten sus sentimientos en ese momento desbordante porque ninguno los nombra. Sin embargo, el resto me supo a poco, como si sólo se arañara la superficie del sueño de la protagonista y de la rabia enfrentada a ella por parte de quien ya no sabe soñar y no soporta que otros lo hagan.


Handia
La magia de 'Handia', de Aitor Arregi y Jon Garaño me atrapó con su atmósfera envolvente, la belleza insondable de la niebla, dentro y fuera, la poderosa inocencia en la mirada de un lobo, el misterio de ser diferente, un gigante en esta historia, y cómo vivir esa condena para que no lo sea. Estremecedora la escena en la que el enorme gigante (premio Goya como actor revelación a Eneko Sagardoy) murmura que oye a sus huesos seguir creciendo, sin cesar, y cuando estalla su desesperación, solitaria sin remedio, rezando, pidiendo que por favor deje de crecer. La ambivalencia entrelazada en los dos hermanos de la culpa y el apoyo. Ese padre silencioso que no admite sus decisiones. La reunión tímida, perpleja, de los gigantes entre las piedras de Stonehenge. La escena con la reina infantil, Isabel II, poniendo en evidencia la perplejidad ante lo extraordinario y su calificación como fenómeno de feria. La lucha del gigante para convertir su exhibición en orgullo, sin lograr otra cosa que dinero, ambigüedad, y de nuevo soledad en compañía diaria con la naturaleza misteriosa del mundo. 


Muchos hijos, un mono y un castillo

El caos del documental atípico 'Muchos hijos, un mono y un castillo', de Gustavo Salmerón, con la deliciosa, delirante superficialidad de su enorme protagonista. registrando y buceando en sus sueños inocentes que le dan título, aunque sin profundizar en la agobiante manía de guardarlo todo. Su director-hijo elije el lado más surrealista, ese surgido de la fusión de sus manías, ocurrencias y frases con natural fluidez. Especial y divertido documental. 

La portentosa ambivalencia de 'Verano del 93', de Carla Simón, reflejando esa desesperada naturalidad, de apariencia sencilla, con la que a veces los niños tenemos que vivir lo que hay sin llegar a comprenderlo. Al menos, en mi infancia viví ese torbellino emocional sin nombre, sin referencias, flotando en el viento silencioso del misterio y traducido hacia fuera en una instintiva expresión resultante de la fusión involuntaria de tantos nudos e hilos en el
interior.
Verano del 93
Tanta complejidad hecha sencillez automática, es precisamente el logro fascinante de esta peli y quizá se refleja de manera inquietante en la última escena, cuando la niña pasa de la risa a unas lágrimas tristes, tristes, que quieren ocupar su lugar.  


Lo perverso de 'El autor', de Manuel Martín Cuenca, porque su protagonista (premiado justamente Javier Gutiérrez) y esa mirada de pozo oscuro en ciertos momentos quiere ser autor sin serlo y por eso necesita demostrarlo desesperadamente, aunque sea pisoteando a todos los que puede utilizar para conseguirlo. Ignorando que un artista no elige serlo, no puede evitar crear. Sobre ello hablé en el blog de cine. 




Y ahora mencionaré dos joyas del cine, a raíz del linchamiento a Woody Allen: '12 hombres sin piedad' de Sidney Lumet y 'La calumnia' de William Willer. Condenado rápidamente por muchos nombres del cine ante el recuerdo de la acusación gravísima, (ya investigada en su momento, años 90, y resuelta declarándolo inocente), y por eso mismo necesitando pruebas concluyentes que no existen. Todo empezó con la acusación de una niña, poco después de la separación de sus padres, cuya madre Mia Farrow demostró una rabia alargada por su amor propio herido al haber sido dejada por una chica joven. Esto, en sí, sugiere venganza, una posible utilización de los hijos, bastante extendida en los casos de divorcio. Un posible envenenamiento de su hija contra su padre que acabó en los tribunales, con una sentencia de inocencia de Allen. Ahora la niña, ya adulta, se ha limitado a repetir su acusación ante los medios de comunicación, cosa que también huele sospechosa, publicitarse y de paso subirse al carro del linchamiento inmediato contra cualquiera mínimamente sospechoso. Una actitud penosa, precisamente por la gravedad de las acusaciones, inadmisibles cuando son ciertas, horrorosas, una de las peores cosas que le pueden pasar a un niño. Precisamente por ello, no puede acusarse a nadie de algo así sin pruebas. 
Diane Keaton


Además, están sus películas. El tema de la diferencia o armonía entre un autor y su obra tiene dos vertientes para mí. En los casos de ideologías indeseables pero obras memorables, sencillamente es mejor quedarse con la obra y no hacerse amigo del autor. En este caso es diferente. Porque lo más íntimo de un artista está en sus obras y nada hay en las películas de Allen que apunte a un tipo de persona abusadora. Yo diría que todo lo contrario. Por todo ello creo que se merece la duda antes de la condena. Menciono por eso la valentía de su ex pareja y amiga Diane Keaton apoyando a Woody: "Es mi amigo y creo en él".

He recordado 2 pelis memorables a raíz de esta situación. En una, 'La calumnia' de William Willer, insólita porque trataba el tema de la homosexualidad en tiempos en que era inadmisible (primeros 60). Con unas enormes interpretaciones de Shirley MacLaine y Audary Hepburn  , a lo que se suma el inquietante tema de la crueldad que a veces tienen los niños, en este caso una niña mimada que no soporta ver contrariados sus deseos y miente y calumnia en una venganza automática, lo que pone un toque inquietante a la historia, además de revelar la toma de conciencia emotiva de una de sus protagonistas.

La calumnia


La otra es la estremecedora '12 hombres sin piedad' de Sidney Lumet, con un inolvidable Henry Fonda. Los jurados de un juicio contra un chaval acusado de matar a su padre están convencidos de su culpa, sin querer profundizar en las supuestas evidencias que parecen condenarlo, nada menos que a la pena de muerte. Pero a ellos les da igual, ni siquiera piensan en la posibilidad de estar equivocados. Tienen sus vidas ocupadas a las que están deseando retornar y, sobre todo, se sienten respaldados por su respectivas ideologías y prejuicios. Por eso se sorprenden de la actitud de uno de ellos reconociendo sus dudas y poniéndolas sobre la mesa para analizarlas lo más posible, dada la gravedad de la acusación y su consecuencia de una pena de muerte.

I
12 hombres sin piedad
ncluso reaccionan agresivamente con él porque cuestiona su rápida visión "justa". Más allá de situaciones graves, ésta peli pone en evidencia la frivolidad con la que condenamos y etiquetamos a cualquiera, alimentando así la incomunicación entre seres humanos. Y hay otro punto, relacionado con esto, cuando la etiqueta se aplica a colectivos con el mismo resultado. Pasar de las personas, esa actitud que en los casos más graves es la base de cualquier guerra. "Enemigos" es una etiqueta despersonalizadora.  


Por favor, personas. Como decía la gran Simone de Beauvoir en 'El segundo sexo' (que debería leerse más) sobre la auténtica base del feminismo:"ante todo todos somos personas". No géneros en este caso, que sería otra etiqueta. 
      

jueves, 28 de diciembre de 2017

Vidas paralelas (a partir de 4,3,2,1 de Auster-'Olvídate de mí' de Michel Gondry y 'perfectos desconocidos' de Alex de la Iglesia)

Por Tesa Vigal

4,3,2,1 de Paul Auster trata sobre las distintas vidas que surgen tras una elección. Aunque no fuese cierta la teoría cuántica de los universos paralelos y dentro de ésta la posibilidad de infinitas vidas surgiendo de cada elección, hay algo inquietante en ese camino que desechamos en cada encrucijada, tan rotundo, tan desplegable como el que hemos elegido. 



Siempre he sentido que algo nuestro se queda pegado a él, con una sustancia tan densa, tan real como los sueños. Tan significativa, quizás. En el libro de Auster esas vidas paralelas sólo abarcan 4 caminos diferentes, desenvolviéndose con su acostumbrada, portentosa fluidez con la que narra sus relatos, dejando que fluya la historia que quiere ser contada a través de sus manos. No sólo es la impresión que me producen, sino que él mismo en una entrevista comenta que cuando una historia conecta con él, se limita a seguir ese hilo, a dejar que se relate. 

Cada una de esas 4 vidas surge a partir de un punto de su infancia y llega hasta su etapa universitaria, abarcando cada detalle escondido en esa espiral, dejando al lector la posibilidad de completarlas hasta la actualidad, en un despliegue de mágica complicidad. Me pregunto si, en el fondo, esas vidas paralelas son una forma especial de contenerse una historia en otra, uno de los temas recurrentes en sus libros, algo que me toca íntimamente porque refleja el laberinto vital en el que todos vivimos, incluso en el de aquel que se considere simple. 

Curiosamente, hace poco he visto una impresionante peli de Martín Cuenca, 'El autor', que habla de la actitud opuesta a abrirse a una historia que quiere ser relatada, la forzada actitud intencionada (que preside muchos talleres de escritura) que tejen una red de trucos para atrapar al lector, poniendo de manifiesto que no tienen nada que contar, sino sólo ansias de vender, o ser reconocido, como le ocurre al penoso protagonista de esa película, con una enorme interpretación de Javier Guttiérrez. 

El tema de las encrucijadas se refleja más ampliamente en la original película de Michel Gondry 'Olvídate de mí' (Eternal sunshine of the spotless mind), donde aparece una vuelta de tuerca que apunta a la posibilidad del destino, pues en su historia (enorme como siempre Kate Winslet) dos personas que se han alejado una de otra hasta el punto de borrar de su memoria al otro gracias a un descubrimiento científico, vuelven a encontrarse fortuitamente, como si fuese inevitable su relación (lo que no implica su felicidad o desgracia, eso sería ya el color de su conexión). Precisamente en la teoría cuántica de universos paralelos, en la que surgiría un camino a partir de cada elección, todos ellos acabarían convergiendo, más pronto o más tarde, en el mismo punto vital, una situación que sería significativa por ser inmutable sea cual sea el camino elegido. 



Y en la última peli de Alex de la Iglesia se introduce ese giro de historia paralela, al final de una cena de amigos, cuando la anfitriona sale a la terraza para contemplar la luna y un violento viento repentino la tira al suelo. Al calmarse y volver a entrar en su casa comprueba que la cena acaba de empezar y a partir de ese instante se encuentran de nuevo ante la posible elección, o no, que provocará todo lo que ha sucedido hasta ese momento en la historia. El final gira hasta situarse en el principio.  

'Perfectos desconocidos', cuando se hacen una
foto, que no saldrá, en la terraza




Por mi parte me pregunto qué hubiera sucedido si me hubiera quedado en París, si hubiera seguido hablando con el chico de la caravana en el camping de Cadiz, o si hoy justo hace un año no hubiera ido a una celebración familiar. Pero lo importante es qué hubiera seguido siendo igual, en qué punto habrían convergido todas esas elecciones.   

jueves, 19 de octubre de 2017

Jeff Bridges, Dylan, Simon and Garfunkel y Lou Reed en New York. La peli de Webb no tanto

Por Tesa Vigal

Si no fuera por el gran Jeff Bridges, quizás no mencionaría este película, a pesar de que en este blog no hablo de cosas memorables (para eso están los otros blogs, libros con aliento y película secreta), sino de lo que me ha parecido interesante. Pero Jeff Bridges es de esos actores que agrandan cualquier historia con su potente presencia, su gran humanidad, las múltiples sugerencias de todos sus personajes. 

En esta peli de Marc Webb le acompañan, además, canciones muy especiales que aportan la atmósfera necesaria a esta historia y su pequeña melancolía. Está el que da título a la película 'the only boy living in New York' de Simon and Garfunkel (aunque aquí la han traducido como canción de Nueva York). De Lou Reed 'Perfect day' y de Dylan 'Visions of Johanna', de la que me asaltan algunos de sus versos: "¿No es propio de la noche confundirte cuando tratas de evitarlo? /(...) / y Louise sostiene un puñado de lluvia, tentándote a desafiarlo / (...) / y las visiones de Johanna que conquistan mi mente".

Por eso la historia remonta el vuelo, aunque carece de la originalidad de su anterior peli '500 días juntos', mucho más entera, sobre un desencuentro romántico en lugar de una usual historia de amor. Con sus agridulces esquinas, su atmósfera repentinamente a contrapelo. El trailer lo apunta, sin revelarlo demasiado.



Pero al menos en esta película me metí en ciertas escenas, las que respiran y eso es de agradecer después de varias visitas al cine en las que salí decepcionada, viendo pelis sin alma y de mucha apariencia como por ejemplo Blade runner 2049, a pesar de que sale Harrison Ford casi al final, poniendo un toque humano. Por fin.

La buena noticia es que han reestrenado otra vez 'Blade runner', al menos aquí (cines Princesa de Madrid). Aviso para inquietos, curiosos y amantes de pelis únicas.  Sobre ella hablé en la primera entrada del blog de pelis especiales.

https://peliculasecreta.blogspot.com.es/2014/08/blade-runner-que-es-lo-humano.html


Estoy acabando de leer la última novela de Paul Auster: '4,3,2,1'. Como siempre es portentosa su fluidez, un rigor sobrio, una querencia por el lado escurridizo de la vida, la identidad, el destino, las vidas paralelas en este caso, todo posible en su mundo, el mundo de azar y misterio en el que vivimos. Aunque no ha llegado a fascinarme como otros libros suyos. Por ejemplo 'El palacio de la luna' del que hablé en el blog de libros memorables. 

https://librosconaliento.blogspot.com.es/search?q=%27el+palacio+de+la+luna%27

Y por fin, ha llegado el otoño. Lluvia. Lluvia. Lluvia.     
  

viernes, 6 de octubre de 2017

15 minutos de ocurrencias sobre poetas y rock con sabor a insomnio y olor a café

Por Tesa Vigal


Rimbaud dibujado por Verlaine
Asocio poesía, maneras de vivir, rock, hippies, debe ser culpa de una noche de insomnio. En cualquier caso, espero que surjan muchos hippies en los lugares del planeta donde más se necesiten. Y con la taza de café a mi lado, me pongo a escribir con un lápiz en un cuaderno casi acabado. No deja de ser curioso, pero no sorprendente, que en estos momentos los recuerde.   

Cuando aún se bailaba en torno al fuego, los poetas eran sagrados por ser mensajeros de los dioses. Sus obras eran oráculos por surgir de la dimensión de los sueños, de la casa de los dioses donde, más allá de las apariencias, conviven el bien y el mal, la razón y la locura, el sol con la luna.

La exploración profunda de la esencia del mundo, en busca de respuestas, aunque se sepa que la respuesta es la propia búsqueda. El poeta, como el chamán (a menudo iban unidos) eran instrumentos del misterio, constructores de la escalera que comunica la tierra con el cielo. Eran, por ello, los humanos más útiles, respetados y temidos.


En cierto sentido, en el fondo de sus vasos comunicantes, la poesía empapaba el movimiento contracultural de los 60, al trascender las bases de la sociedad de los últimos siglos (dinero, poder, violencia, banderas, tecnología, apariencias), cuando se enterraban coches buscando valores más humanos, profundos, amorosos, chamánicos, libres, misteriosos. No deja de sorprenderme que los movimientos actuales jóvenes, al menos que yo sepa, piden reivindicaciones sociales, laborales, fundamentalmente, dinero, como si todo lo demás les pareciera bien. Sin embargo, en la contracultura lo que se exploraba, sin pedírselo a nadie sino viviéndolo, era otra forma de vivir.

Portada 'la cara oculta de la luna', junto a Lou Reed y
debajo Jim Morrison
Las citas siguientes las he añadido un día después, rastreando un viejo archivo.
De Barry Melton, músico poco conocido que estuvo en el festival de Woodstock: “Creo que esto es una revolución tribal, una revuelta juvenil contra los “media”, el gobierno y la máquina”.  

De Jimmy Hendrix: “Quiero hacer una música tan perfecta, que se filtre a través del cuerpo y sea capaz de curar cualquier enfermedad”.

De “Woodstock”, de Joni Mitchell: “Somos polvo de estrellas, / somos oro / y tenemos que lograr / regresar al jardín”

De ‘Magic and loss’ de Lou Reed: “tienes que atravesar el fuego hasta la luz / cuando pasas por el fuego agitas la mano derecha / hay cosas que tienes que tirar / ese terror caustico en tu cabeza / no te ayudará nunca a salir / tienes que ser muy fuerte / porque empezarás de cero / una y otra vez / y cuando se disipe el humo… / justo en ese momento / ese fuego maravillo empieza otra vez”.

De ‘La cara oculta de la luna’ de Pink Floid: “Y tú corres y corres para alcanzar el sol / pero él se está poniendo / Y girando velozmente para de nuevo / elevarse detrás de ti / …nunca pareces encontrar tiempo / … el tiempo se ha acabado / la canción se ha terminado / pensaba que diría algo más”.
Y montones de versos de Dylan, del que escribí una entrada sobre su turbadora experiencia:
La poesía (con la música siempre unida a ella) y la magia funden contrarios. Superan y trastocan las supuestas parejas de opuestos que forman la idea que tenemos de lo cotidiano. En la antigüedad este espíritu rompedor, trasgresor del mundo, tenía un nombre de dios: Dionisos. El dios salvaje que, a su vez, era una cara de la gran diosa lunar. El éxtasis dionisíaco, como en el sexo, una de sus contadas manifestaciones aún no olvidada, trasciende la dimensión humana asumiendo lo salvaje (en el sentido de pureza, no el uso actual de violencia), y de ahí llega la disolución de las fronteras entre animales-dioses-humanos, que se hacen un solo sentir. Y ese sentir es la característica esencial de cualquier edad de oro.

Dibujo Sioux
Pero esa visión del mundo, esa forma de sentirlo fue perdiéndose con el tiempo, según los humanos iban desequilibrándose, más y más escorados unilateralmente hacia lo racional, en un desarrollo distorsionante con vocación tirana, que convierte a los humanos en enanos emocionales con enorme “cabezón”.

La poesía corrió paralela a esa deformación, y hoy abundan los que la leen “entendiéndola o no”, relegándola a un plano exclusivo de ideas. Salvo contados poetas desperdigados a través del tiempo, se han olvidado de la fuente mágica. Así estaban las cosas, cuando ese vacío se llenó con el rock. No hay más que recordar la frase emblemática (que seguramente no dijo nadie en concreto) de “sexo, drogas y rock and roll”, para ver en ella un resumen esquemático y conmovedor de los primitivos elementos dionisíacos, aunque en la actualidad políticamente correcta también está muy mal vista.

El sexo es evidente. Las drogas, alteran la conciencia, rompen sus límites, el dominio de lo racional y en los ritos de cualquier región del planeta se han usado siempre para eso, no como un fin sino como un medio. Y en cuanto a la música, el rock encierra el rito colectivo, el ludismo, la pasión, el baile libre, el arrebato, el misterio que envuelve a todo ello.

Dylan
Hablo, claro, del corazón del rock, no de todos los músicos que dicen tocarlo, de la misma manera que no es un poeta todo aquel que escribe versos. Pienso ahora en algunos de los grandes, figuras irrepetibles por su enorme huella, incluso aunque estén medio olvidados… Algunos de ellos, incluso vivieron el lado chamánico de la poesía y así encaraban sus conciertos, aunque finalmente les desbordara su propia visión, quedando de ellos la tópica imagen periodística de alguien pasado, drogota, socialmente escandaloso.

Escribo y leo desde siempre, y a veces tengo la impresión de que lo más poético que me ha ocurrido nunca fue descubrir el rock, a los doce años, y descubrir el mar y al poeta Rimbaud. Harta de que se considere a la poesía una actividad “bonita” o reivindicativa socialmente (eso sería sólo una de sus facetas), y al rock una juerga intrascendente de gente ruidosa, necesité preparar recitales que hicieran justicia a ambas cosas.

Y aquí, al releer estas notas para incluir citas de músicos, busqué también a quien no puede faltar, Dylan. Estas frases pertenecen a su poema, o lo que sea, titulado “Mi vida en un momento robado”: “pero ¿y esas caras que no volvemos a encontrar? / y las curvas y las esquinas y los atajos / que se perdieron de vista y se quedaron atrás. / Y los discos que sólo oíste una vez, y el aullido del coyote y el ladrido del perro dogo, / y el maullido del gato y el mugido de la vaca, / y el lamento del pitido del tren? / Abre los ojos y los oídos y quedarás influido / y no hay nada que puedas hacer. / Hibbing es una buena ciudad. / Huí de ella a los 10, 12, 13, 15, 15 ½, 17 y 18 años, / fui cogido y devuelto allí todas las veces menos una.”  

Trabajé en ello en los 90, con músicos con los que tratamos de encontrar el reflejo musical de la esencia de un poema. Es decir, nada que ver con poner música a una letra, sino acompañar fragmentos de Rimbaud con percusión africana. Por ejemplo.
Ahora, vuelvo a trabajar fusionando música y poemas de poetas memorables, o fragmentos de narrativa, para subirlos a los blogs, o para emitirlos en un programa de radio, o para recitarlos en librerías, bares, o centros culturales. Se admiten colaboraciones, sugerencias y apoyos.

De Jim Morrison: “… Veo que tu pelo arde / una cobra a mi izquierda / un leopardo a mi derecha”.
De Rimbaud: “Comprendo y si no puedo expresarme con palabras paganas, prefiero enmudecer”.

En fin, como diría Lennon en el tema ‘Revolution’: “me hablas de revolución y yo te digo antes tienes que cambiar tu mente”.

Escrito sobrevolando muchos hilos que piden respuestas, contradicciones, comentarios, sugerencias. Desenrollando, buceando, tal vez soñando…

      

sábado, 2 de septiembre de 2017

Vidas excesivas, El Ángel y Janis Joplin, en 2 secuencias discretas

Por Tesa Vigal


Hablar de los dos me ha recordado el famoso poema de Kavafis 'Viaje a Ítaca'. Lo he recitado con música de fondo de la peli 'Zorba el griego'.

Primero un poeta llamado ‘El Ángel’, publicado y relegado.
El poeta tragado por el agujero negro de la heroína, en los 80, El Ángel. Abriendo su libro al azar, tan pronto me estremece como me resulta obvio y, en el segundo caso, de pronto sus versos se escurren y de nuevo brillan ambiguamente.

Una amiga me pasó un libro. Me gustó tanto que quise comprarlo, pero en todas partes habían devuelto los ejemplares no vendidos, como suele suceder: “ya se sabe, la poesía no se vende...”, decían. Llamé por teléfono a la editorial y allí añadieron un dato nuevo: como había muerto meses atrás (esto sucedió en los 90) se había agotado la edición que habían vuelto a poner a la venta. En fin, asquerosa situación usual, supongo que debida al hecho de que la gente parece incapaz de valorar algo si no está etiquetado como algo valioso, trascendente (y desde luego la muerte es trascendente y misteriosa). Será por eso. Habrá que morirse. O tener la suerte de ser etiquetado antes, por alguien ya valorado por su etiqueta... Y así sucesivamente. ¿No?

El Ángel era un chico madrileño, relacionado en los años 80, artística y personalmente, con grupos musicales como Kaka de Lux, Alaska y los Pegamoides, o Parálisis permanente. Luego vivió una etapa de yonky, de desaparecido como todos los yonkys, después vino la liberación y el momento de escribir canciones y poemas, y poco después murió como si ya hubiera hecho lo que tenía que hacer y hubiera vivido lo que tenía que vivir. 

Algunos versos de su rotunda poesía, que a unos fascina y a otros repele, de “Los planos de la demolición”. Editorial El europeo-La tripulación.
“Ser un ángel no es un privilegio ni una elección / Ser un ángel agota y es para siempre / Es una especie de cruel destino”.
“Tienes todo el planeta a tu disposición / Lo tienes todo / Préndele fuego”.
Y un poema entero: “El Desierto                                                                                                                              
Todas estas estupideces que rondan mi cabeza me están volviendo loco, / poco a poco / Una y otra vez caigo en inútiles deseos imposibles y en pasiones / Presuntamente enterradas / El cachorro despierta y aúlla en la noche / Desértica / Estoy a mil años luz de todo / en un universo completamente lleno de vacío / quiero alcanzar el palacio imaginado / entre niños peces que se ahogan en los charcos / Quiero escapar de las garras del coloso / y quiero llenar mis manos con tu arena / blanca, fina, ardiente, inmaculada / quiero encontrar un arco iris infinito y dejar que mis exhaustos huesos                                               
descansen sobre él / Quiero jardines de rosas negras en los que la luz llene mi cerebro                       
Para siempre / Quiero flechas apasionadamente envenenadas clavadas en mi pecho.”

Por aquellos años yo escribí un relato, decepcionante como casi todo lo que escribo, nadando en el caos de la tierra de nadie, pero lo incluyo aquí porque lo escribí en una época excesiva para mí, la de la revista ‘Mandrágora y el pirata’, donde se publicó. También porque en él aparece Janis de alguna manera, su música irrepetible, estremecedora, recomiendo oírla mientras se lee. Su título ‘Casi un día de viaje con Janis J.’

“… pero qué importa baby / tal vez mañana no estemos aquí” (Janis Joplin)
La ventisca azotaba su cara. Hacía pesadas sus manos buscando más espacio dentro de sus bolsillos. Era un invierno inesperado, de ráfagas rotundas repletas de nieve desganada, y la autopista parecía abandonada al frío de enero.
Janis miraba al suelo. Luego, levantó poco a poco la cabeza y Sara, su amiga, recibió su desafiante mirada solitaria, por eso le sonrió con leve ironía.
-Recuerda Janis, “como un canto rodado …”
-Ya, como diría Dylan… ¿Crees que parará algún coche, alguna vez?
Sara se encogió de hombros, mirando al sol velado por el brillo de la nieve, por el gris de la cuneta y los rincones del aire, un gris de mar soñando sobre la huella del café en el estómago vacío.  Iban camino de Berlín y estaban cansadas.
Silencio casi siempre. Un coche salió de la niebla intermitente, demasiado veloz, y se perdió otra vez, para siempre, en la nieve.
-Estoy agotada.
Janis había gritado. Aquel grito, despierta, era igual al que Sara sorprendió una noche, a través de la puerta entornada en aquella casa compartida en París, mientras su amiga soñaba. También eran similares a los que lanzaba cantando y, tras ese desahogo murmuró.
- ¿Cómo es posible que nadie se fije en… -Dudó un momento- … ¿No sé, en nosotras?
- ¿A qué viene eso? Ayer, en la casa de esa gente…
Janis la interrumpió con rabia.
-Ayer necesitaba que me acariciaran, o que alguien hablara de verdad. Parecían algas muertas.
Tal vez recordó una fiesta tras un concierto, la noche que descubrió que, si la adoraban sobre el escenario, viéndola de lejos, de cerca y cara a cara les desbordaba su extenso interior, el mismo que expresaba en sus gemidos musicales alargados hasta el filo, y entonces la miraban con recelo sonriente, sin el menor interés por tratar con la persona que regalaba su abismo desgarrado sobre el micro. O aquella noche, en un cine de verano, con la piel quemando, la sal en la boca, la bolsa de patatas en las manos relajadas metiéndose en la película, porque allí se encontraba hermanada, comprendida.
Las dos miraron con desafío la carretera desierta y, enseguida, giraron la cabeza hacia el motor que se acercaba, más despacio que el otro coche, hasta pararse por fin unos metros más adelante. Con sus dos ocupantes, unos estudiantes de sonrisa fácil que compartieron café de un termo y galletas con aquellas chicas retraídas, aunque una de ellas liberaba una profunda risa en respuesta a sus ocurrencias tontas, cruzaron dos fronteras.
Llegaron al atardecer y buscaron en el mapa, abierto sobre sus rodillas, una calle desconocida, hacia el sur de la ciudad. Hacia más calor allí, el aire suspendido, ocupado en enlazarse con un sol blanquecino, y caminaron hacia aquella dirección a través de Berlín, hasta llegar a una casa antigua, cerca de un montón de ruinas conservadas como monumento de guerra, en una esquina redondeada.
Aquellos chicos sí que eran amables, con la amabilidad real tan lejos de formalismos. Les abrió la puerta uno de aspecto cansado, que revivió al colocar velas de colores sobre la mesa, y el otro salió poco después del baño, envuelto en una toalla, estrechándoles las manos con cálida soltura. Compartiendo su cena, hablaron del conocido común que les había dado su dirección, de casualidades disfrazadas, del movimiento constante, del vino del Rin mientras fregaban los cacharros en la cocina de muebles de madera, y luego salieron a la calle hacia un local pequeño, sencillo, lleno de gente brillando bajo luz ambarina, estrecho, de techos altos, donde tocaban timbales tres negros de frentes sudorosas, ropas indefinidas de colores hirientes, mirada remota, sonrisa generosa.
Se acercaron a la barra donde dos hombres jugaban al ajedrez. Una locura de risas unió a los cuatro en ciertos momentos, Janis bailó con los ojos cerrados, al volver a la barra observó un gesto cauteloso, otro sorprendido, y pasó la mano por el cabello del chico cansado. Sara miraba al otro, desafiándole. Alguien a su lado dijo que se iba, pero no se fue. Los negros se sentaron en una mesa a descansar entre cervezas y amigos, y un chico con máscara entró de puntillas, quitándose la bufanda. Quizás fuera carnaval…
Fue entonces, cuando Janis se volvió hacia su copa. La punta de un mechón de pelo rozó la ginebra, y ella, recogiéndolo despacio, lo chupó levemente. Sara la observaba y le habló en voz baja.
-Yo también quiero irme, ya…
- ¿Ya está visto todo Berlín?
Y se fijó entonces en la reluciente cafetera. Parecía muy nueva, pero en un lateral había una copa alta, de cristal tallado, que recibía, gota a gota, el agua sucia que resbalaba de la máquina.          











miércoles, 5 de julio de 2017

Mundos paralelos bajo la forma de islas legendarias: Avalon y San Borondón


Por Tesa Vigal

Esta entrada es para el vértigo de soñar, explorar, especular, o imaginar sin límites.
Aunque la física cuántica es parte de la ciencia, a mí me suena a poesía, magia, surrealismo, sueños, y por eso me fascinan sus teorías sobre la materia oscura, la mayor parte de la materia existente en el universo, los experimentos con partículas que una vez estuvieron juntas y, al separarlas, siguen reaccionando al mismo tiempo ante la misma estimulación, el gato metido en una caja que puede estar muerto o vivo antes de abrirla en uno de los universos posibles. 

Esta última teoría, sobre la existencia de universos paralelos, es la que más me hechiza; o casi. Quizás porque me parece lógica, dada la impresión de misterio que siempre me ha trasmitido el mundo y sus seres, incluyendo personas, la sensación de que siempre hay más lados, facetas, rincones, puertas… En un infinito laberinto que abarca lo pequeño, lo grande y, a continuación, todo lo pone entre interrogaciones porque el mundo es producto de nuestra percepción personal. Por eso, es igual de extraño vivir que morir, la existencia de una ardilla o un fantasma, de terrícolas o jupiterinos, de gente maravillosa y deleznable, de pavor y maravilla como diría Don Juan Matus, el indio de Castaneda. Me encanta esa frase por enorme, por sabia, la repito mucho, debería cortarme un poquito.

Y, la más inquietante consecuencia, la posibilidad de infinitos mundos paralelos, surgidos de cada decisión. En este mundo tú decides no casarte, volver a tu país, cruzar esa calle, abrir esa puerta, estudiar tal cosa… Y en el mundo paralelo correspondiente te casas, no regresas, no abres la puerta, estudias otra cosa, no cruzas la calle.  

No sé si existen los territorios fabulosos, los lugares paralelos habitados por los espíritus de la naturaleza, las islas flotantes, las que aparecen y desaparecen como si su mundo y el nuestro hubieran tomado contacto por un tiempo limitado. Pero me gustaría. A continuación, algo de lo que se cuenta sobre ellas.

Ambas islas existirían, “de alguna manera y en algún momento”. Una, cerca de la colina de Glastonbury (Inglaterra). La otra, sería una supuesta octava isla canaria, la más occidental de todas ellas. Ese es uno de los puntos clave: el Oeste, el lugar donde el sol se pone, el lugar de la muerte. Un lugar de transformación, interior y/o exterior, la puerta a otro mundo. Ambas parecen ser materializaciones de un mismo espacio mítico, donde desaparecerían las coordenadas espacio temporales de nuestro mundo y se entraría en otra dimensión más espiritual que física, en cuanto que según estas leyendas sólo quien tiene los ojos y el interior abiertos (corazón y espíritu) podrá acceder a su geografía física.

Incluso coinciden en una de sus múltiples denominaciones. Ambas han sido llamadas, entre otras cosas, islas afortunadas. Y a su vez pertenecerían a ese tipo de territorios míticos, reinos o ciudades, como Shambala, o las ciudades “perdidas” de Sudamérica.

Su carácter legendario tiene dos vertientes. Una sería su naturaleza más espiritual que física. Otra sería una parcial naturaleza física, pero perteneciente a otra dimensión, lo que enlazaría estos territorios con la existencia de mundos paralelos, a modo del reino borroso, el país de hadas y duendes que coexistiría con el plano humano de manera paralela, aunque a veces se cruzarían en puntos, o lugares comunes. Momentos del espacio y espacios temporales, que serían umbrales de apertura, puertas que podrían abrirse y cerrarse en cualquier momento inesperado y en determinados tiempos fronterizos: amanecer, atardecer y días o noches de solsticio, el de verano, la noche de las hogueras de San Juan, 21 de junio santificado y trasladado al 23 por la iglesia para tratar de separarlo de la fiesta pagana, y el de invierno, navidad. Esta asociación con el pueblo gentil está plasmada concretamente en la Isla de Avalon, en la que salen a relucir nombres como la Dama del Lago o el Hada Morgana.

'Excalibur' de John Boorman, en el centro una joven Helen Mirren como el hada Morgana
Hay, además, una característica del país borroso cuya lógica interna encajaría con el tipo de avistamientos de estos territorios. Es la capacidad del “encanto”, el poder materializador de hadas y duendes, moldeando la forma de las cosas con su deseo puro, esto es sin mezclas (también parte de su naturaleza, en este caso de su forma de sentir y actuar). Así modificarían su propia forma, de ahí la variedad de las imágenes con las que se aparecen ante el testigo humano. Y relacionándolas con las imágenes arquetípicas que ya posee ese testigo, con sus propias creencias y simbología.
Ese aire de mundo aparte vendría remarcado por ser islas, lugares separados y rodeados por el mar, que simbólicamente es el inconsciente, la fuente de la vida no sólo material sino emotiva y espiritual. Y, como territorios distintos, tendrían características ajenas a la normal apariencia de la vida en la geografía humana, como la inmortalidad, la ausencia de fatiga y la materialización extraordinaria, o la abundancia inagotable.

El Merlín de 'Excalibur'
Las islas son, además, uno de los espacios favoritos de las hadas. Habitarían en algunas exclusivamente “suyas” y en otras compartidas con el ser humano. Algunas serían islas flotantes, sin asidero firme como las islas humanas, otras se hallarían sumergidas parcial o completamente, saliendo a la superficie en ciertos momentos, y existe la creencia de que es posible acceder a ellas cada 7 años, y conseguir que se mantengan emergidas si se lleva el fuego a ellas.

En las islas españolas se cuenta que albergan este tipo de habitantes. El follet, es un duende de las islas baleares, doméstico y apegado a uno de los habitantes de una casa. Servicial y bondadoso, muy activo y juguetón, con la típica forma de jugar y embromar a los habitantes de una casa, escondiéndoles las cosas. Y con la particularidad de traspasar, al humano que él elija, el poder materializador de modificar su apariencia física. Pero también existe el barruguet, un duende molesto a quien le encanta martirizar y hacer rabiar a los humanos. Tiene brazos desproporcionadamente largos, barba y voz ronca y fama de perverso y lascivo. Sus lugares favoritos para vivir son cuevas, molinos, agujeros de las paredes, pozos y cisternas. 

Mapa de Agustín del Castillo,
del siglo XVIII
También se habla de hadas, llamadas a veces Damas Blancas y relacionadas con cuevas y fuentes, una vez más. Y tengo que contar aquí una experiencia que le sucedió a un amigo, en una casa retirada en el campo de la isla de Ibiza, de la que salió huyendo con su novia tras tres noches de oír, aterrados, el impactante sonido de gigantescas puertas metálicas abriéndose y cerrándose bajo tierra.

En las Canarias, se han perdido las referencias mitológicas de los guanches y los seres mágicos que ahora la pueblan son espíritus que recorren los campos pudiendo adoptar formas de perros o gatos blancos, que tan pronto pueden guiar rebaños como perseguir a personas, provocar estrépitos, o irrumpir en la vida cotidiana de alguna manera. Es curiosa su manera de hacer notar su presencia en una casa, produciendo el ruido de caída de gotas de agua y a continuación comenzar con sus “bromas”. También hay seres encantados cerca de algunas fuentes. Y “seres blancos” de ambos sexos en muy especiales lugares. Por ejemplo, en el barranco de Badajoz en Tenerife donde existen numerosos testimonios de apariciones mágicas. Y luces misteriosas, a veces asociadas con el fenómeno ovni, en numerosos lugares del archipiélago. Existe una fotografía en la caldera de Taburiente en la isla de la Palma, hecha a dos niños. Detrás de ellos, en la foto revelada aparece una figura blanca de aspecto femenino, una vez descartados orígenes técnicos en el laboratorio fotográfico. 

Más que de hadas, en Canarias se habla de espíritus, de antiguas y poderosas civilizaciones paralelas, y de puertas inducidas, donde al cruzarlas el tiempo se modifica, característica típica del acceso al país borroso. En el pueblo de San Juan en Tenerife, se cuenta la historia de una niña que se quedó dormida en una cueva y al despertar habían pasado 30 años humanos. Es curioso el hecho de que actualmente se ha cerrado la puerta de dicha cueva, aunque los vecinos no la olvidan y saben de sus propiedades de acceso a otros mundos. (Recomendamos vivamente la trilogía sobre duendes, hadas y gnomos en España, de Jesús Callejo y Carlos Canales para más detalles sobre la naturaleza de los seres del país borroso en toda la península ibérica). Y la entrada sobre ellos en este blog:

A continuación, San Borondón (arriba mapa francés con la isla de San Borondón en el círculo rojo) y Avalon, mencionando algunas de sus referencias históricas, físicas y legendarias.
San Borondón
Por supuesto existe una hipótesis racional a sus avistamientos, hablando de reflejos y espejismos. Y ciertamente suena muy sensato, sólo que eso sólo, como suele suceder, no explicaría toda la leyenda sobre ella. Tan sólo sería una base, quizás sólo su cara física.

El nombre se deriva de un monje irlandés, medieval, llamado Barandán o Brandán nacido en 480. Es curioso que aquí surja otro nexo en común entre ambas islas, el nexo celta, la religión anterior al cristianismo.

Se trata de uno de esos santos curiosos, de vida sumergida en brumas y maravillas, aunque es cierto que existió históricamente, y de él han quedado escritos, entre otros algunos tratados geográficos y astronómicos, una regla monástica, unas “Revelationes” de carácter profético y su “Navigatio” en donde relata sus viajes marítimos y en concreto atlánticos, que fue el origen de la leyenda por la que es conocido.

Su figura permaneció en el olvido hasta el siglo XI cuando diversos monjes, entre otros el abad de Cluny Raoul Glaber, empezaron a difundir sus viajes oceánicos, incluyendo ya sus detalles maravillosos y una gran riqueza simbólica, en varias versiones de la “Navigatio” del santo, inspiradas tanto en el aire iniciático de la Odisea homérica, como en los relatos fabulosos de las “1001 noches”. Se trata de la misma simbología que conforma la tradición mágica o esotérica ancestral. Por ejemplo, en una de sus peripecias, San Borondón y sus compañeros recalan en una isla que es en realidad una ballena (como en el famoso pasaje de las 1001 noches, dentro del relato de Simbad), aunque es una imagen ampliamente extendida en diferentes culturas. Una isla ballena es una tierra viva, capaz de acoger y cuidar a los que tienen conciencia de esa cualidad esencial, que sumada a otro elemento vivo, como el agua, remarca el origen sagrado de todo lo existente, y permite alcanzar la “meta”, el “puerto”, a quienes saben reconocer e identificar su profunda naturaleza.

Borondón y los suyos recalan también en una tierra donde crece la hierba que conduce a la locura. Si la consideramos en su acepción antigua, como un misterioso don divino, se relacionaría con el estado de conciencia diferente, sagrado, que permite conectar con planos superiores mentales. Y allí las aves permiten, o conceden, comprender su idioma, el famoso y mágico “lenguaje de los pájaros”, esto es de los seres que “vuelan”.

La isla de San Borondón ha sido también llamada La Encubierta, o La Inaccesible, en concreto en algunos escritos de la antigüedad clásica de Plinio y Ptolomeo. Y desde luego, ya se habla de ella desde la conquista de las Canarias, con su carácter de isla de la eterna juventud. Así mismo se la ha llamado en algunas viejas crónicas Isla de las 7 Ciudades, donde aparece otro elemento simbólico con la presencia de ese número arquetípico.

Dibujo cascada interior de
San Borondón
También existen muchas referencias a ella por parte de historiadores y viajeros. El historiador canario Juan de Abreu en el siglo XVII la da por auténtica y hasta trata de ubicarla: “parece estar en 10º y 10’ de longitud y 29º y 30’ de latitud”. Y se organizaron diversas expediciones en su búsqueda durante los siglos XVI y XVII, la mayoría precipitadamente, después de algún avistamiento, de las que se guardan referencias documentales. Pero la isla desaparecía cuando la nave se aproximaba demasiado.

Y hay testimonios de los que afirman haber arribado a ella. Por ejemplo, en el siglo XVI, el piloto portugués Pero Velo de Setúbal, a quien se tomó declaración oficial. Contó que dos marineros tuvieron que ser abandonados allí porque, al poco de desembarcar, se desencadenó una impresionante tormenta que obligó a volver al navío y levar anclas por la cercanía de una costa rocosa.

Dibujo de Pedro Agustín Castillo, siglo XVIII
Un curioso testimonio es el de Marcos Verde, también en el siglo XVI, que también afirmó haber desembarcado en ella y cuenta que, algunos hombres que se internaron en ella por diferentes senderos, empezaron a dar gritos de terror, volviendo al barco, levando anclas y viendo desaparecer su costa nada más alejarse de la playa.

Viera Clavijo, en el tomo I de sus Noticias cuenta (en 1772) que: “Hace pocos años que, retornando de América uno de los Registros de nuestras islas, creyó un día su capitán que había avistado la isla de la Palma, más al día siguiente, en que esperaba llegar a la de Tenerife, se halló frente a la verdadera isla de la Palma”.

También hay datos curiosos. En 1723 un sacerdote exorcizó la isla mientras aparecía y desaparecía entre nubes y niebla, ante numerosas personas y quedando constancia ante notario. Y la existencia de una única foto de San Borondón, hecha en 1958 por M. Rodríguez Quintero, de la Palma.

Y se da una coincidencia en el aspecto físico relatado por los testigos. Sería una isla alargada con dos sistemas montañosos en sus extremos, una gran depresión o valle en su centro y una claridad desconcertante. Aparte de la ya citada neblina o bruma, en la que se envuelve antes de aparecer y desaparecer, característica ésta presente en  todos los testimonios de supuestos contactos con otras dimensiones, desde reinos legendarios a experiencias de tiempos perdidos y traslaciones espaciales “imposibles”.

Isla de Avalon
En esta isla aparecen referencias concretas que relacionan su carácter extraordinario (ya citado más arriba, eterna juventud, abundancia, etc.) con el cuerpo legendario del rey Arturo. ¿Completándolo? En ella se unirían la simbología femenina de la sabiduría (Sofía) de la copa, o receptáculo, con la ancestral Diosa Blanca inspiradora de poetas y fuente de vida y muerte, y con los mágicos territorios paralelos donde “ese tipo de cosas” tiene lugar.

En el siglo XII, cuando surgió y se extendió por toda Europa la leyenda del grial, el escritor Geoffrey de Monmouth fue quién popularizó la conexión de Arturo con la isla de Ávalon, a donde fue conducido una vez muerto y donde se dice que permanece “dormido”, guardado su profundo sueño por el Hada Morgana (según el poeta y estudioso de los mitos antiguos Robert Graves sería la misma identidad de la Dama del Lago, con distinto nombre y, a su vez, ambas serían nombres diferentes de la Diosa Blanca, la gran diosa primordial). El poeta Lydgate, del siglo XV, describe a Arturo como “un rey coronado en el país de las hadas”.

Merlín dibujado
En 1191, los monjes de la abadía de Glastonbury anunciaron el descubrimiento de una posible tumba de Arturo, y así es como se lo venden aún a los turistas de esta colina sagrada, ya que desde la más remota antigüedad fue enclave sagrado para las diferentes religiones. Es un lugar fuertemente empapado de conexiones y puertas con otros mundos.

Avalon se deriva de la palabra arcaica inglesa “aval”, manzana, y de ahí vendría el nombre de isla de las manzanas. Fruto relacionado con los cultos femeninos más antiguos, uno de los símbolos de Afrodita y asociada entre los celtas con la inmortalidad. Curioso también que en la Biblia cristiana sea un fruto asociado con el conocimiento, más allá del bien y del mal. El centro de la manzana con sus pepitas forma una estrella de cinco puntas, de ahí el famoso pentáculo mágico. Y uno de los trabajos de Hércules es el de robar las manzanas del jardín de las Hespérides. Los celtas la llamaban también Isla de Cristal o Isla Radiante, y allí colocaron una entrada a otro mundo. El ya citado Geoffrey de Monmouth la llama Isla Pomor en su “Vita Merlin”.

Merlín, enigmático y polifacético personaje, asociado al poeta Taliesin y el caldero mágico. Y es que antiguamente un poeta no era un simple hacedor de versos (para los más sensibles ahora tampoco, aunque en todo caso no tendría tanto “poder” como antes). Tenía también algo mágico como intermediario entre la dimensión de dioses y humanos, y el efecto de sus versos era abolir el espacio y el tiempo humanos, acceder literalmente a otras dimensiones, a través del nivel más profundo de la nuestra. Un poder de revelación de la esencia de las cosas y un “fijador” del tiempo, por un lado, y materializador por otro a través de su palabra. Ese caldero mágico se halla en Caer Sidi, el castillo espiral de la muerte que lleva a la vida, lugar asociado también con Avalon, el reino de la transmutación. Donde los mundos se conectan y confunden y sólo los preparados para afrontar el Misterio pueden recorrer sus caminos. Mujer, Diosa, Serpiente y Manzana, elementos todos ellos relacionados con la Diosa Primordial.  Y un dato fascinante de Merlín es que vive al revés, cada año rejuvenece un año y, claro, a veces se hace un lío con el tiempo. Eso que sabe de alguien, de una circunstancia, ¿pertenece al futuro, o es un recuerdo? 

Isla flotante Hy de Brasil
En las cercanías de la colina de Glastonbury se levantaban, antiguamente, unos 30 menhires, posible observatorio astronómico y señal del carácter sagrado milenario del lugar, complementado por un manantial sagrado y el “laberinto druídico”, construido como vereda procesional. Aunque la mayoría de las piedras ya habían sido removidas a finales del siglo XIX, aún permanece una, considerada piedra de poder y llamada La Roca Viva. Se dice que quien la toca, al amanecer o a media noche, siente una corriente eléctrica que emana ostensiblemente de ella. En Ávalon, también fue forjada la espada Excalibur del ciclo artúrico, y cuya “propietaria” es la Dama del Lago, al fondo del cual retornó. Y en Avalon también vivirían las 9 (otro número asociado a la Diosa Blanca en relación con las fases lunares y su duración) doncellas hermanas del Hada Morgana, guardianas del caldero mágico.

Ítaca, la isla real más mítica
La mayoría de estos seres mágicos, la más conocida el Hada Morgana, fueron satanizados por el cristianismo por su carácter pagano, convirtiéndolos en seres malignos con poderes maléficos. Como decía el poeta Rilke a principios del siglo XX, quien se acerca a ese lugar sin abrirse a las posibilidades de ser, sólo verá la abadía de Glastonbury. Imposible ver el lago ni la isla sagrada, ni sus misteriosos habitantes. Yo añadiría que el conocimiento será entonces imposible. Sólo se tendrá acceso a la información.