Dylan

Dylan
Paul Auster, 'Blade Runner', Carson McCullers , 'Arrebato' y Dylan, familia de Rimbaud

domingo, 13 de noviembre de 2016

Leonard Cohen, la voz de un pájaro en el alambre

Por Tesa Vigal

"Un borracho salta por la ventana. Quisiera poder cantar así". 


Poetas que convierten poemas en canciones hay algunos memorables, como Tom Waits, Bob Dylan sobre todo, Lou Reed, Patti Smith... Y existen otros cuya música crea climas, tonos inolvidables, pero sólo unos pocos, entre ellos Leonard Cohen, poseen un equilibrio perfecto entre letra y música, de tal modo que la atmósfera resultante es avasalladora, imparable, envolvente hasta empapar la sangre y alma de los que escuchan.

Otro rasgo distintivo de Cohen es su ambigua sobriedad, y además está su voz, junto a la Tom Waits y Janis Joplin, una de las voces más personales y rotundas, tanto que por sí solas son un instrumento musical más, fundido por entero con el resto de la canción que así se torna indivisible. Una sola experiencia conjunta que va calando en profundidad irremediablemente, sin dejar a nadie indiferente.

Lo primero que hizo fue escribir poemas y dos novelas durante los años que vivió en una isla griega. Fue a continuación, ya en la treintena, cuando se fue a Nueva York echando de menos la música como parte de sus poemas. Allí empezó a grabar sus primeros discos, y vivió un tiempo en el hotel Chelsea frecuentado por otros artistas, entre ellos Janis Joplin. De su encuentro erótico surgió su canción "Chelsea hotel".


Su admiración por Lorca le hizo poner música a uno de sus poemas de "Poeta en Nueva York": "pequeño vals vienés". Y ponerle de nombre Lorca, a una hija.
Su inquietud le llevó más tarde a vivir en una granja en Tenesse y últimamente a pasar algunos años en un monasterio zen californiano, donde le llamaban "el silencioso".

Todas estas vueltas de su camino aparecen reflejadas, unas en potencia, otras directamente, en una entrevista de los comienzos de su carrera musical, tras un concierto en París en 1970. La curiosidad de este hecho vuelve muy interesante transcribir la entrevista, porque además refleja perfectamente las ondas de ese tiempo, y cómo se veía a España entonces desde fuera, un país de régimen totalitario en donde muchos, Cohen no, se negaban a actuar.

Fragmento de la entrevista de Michel Brillé y Jacques Vassal, en los años 60:
Michel Brillé: Me preguntaba si sueles usar poemas ya escritos anteriormente para convertirlos en canciones.
Leonard Cohen: Siempre ha habido una guitarra invisible detrás de toda mi obra, ya sea en la que 'ellos' llaman prosa, o en la que llaman poesía, que son distinciones que yo nunca he hecho. A veces los poemas nacen con la música, otras es la música la que nace tras ellos, y a veces las palabras reclaman una música para hacerlo perfecto.
Jacques Vassal: Las autoridades y la policía griegas debían estar al corriente de tus actividades artísticas ¿te encontraste en alguna ocasión en dificultades con ellas?
L.C: Trato de vivir bajo todos los regímenes sin necesidad de disimular nada, aunque cada vez sea más difícil hacerlo. Creo que no hay un solo régimen en el mundo con el que no me sienta molesto, pero... no tengo ninguna intención de que me detengan... Existe gente más apta que yo para vivir ese tipo de situaciones. 

Michel Brillé: En la literatura francesa, hay alguien que se podría decir que se te parece como un verdadero hermano, ese hombre es Camus.
L.C: Para mí es un gran cumplido.
J.V: En tus canciones se adivina, y más especialmente en tu voz y tu manera de cantar una especie de sonrisa irónica escondida tras el micro y una inmensa amargura. ¿Crees que te falta optimismo?
L.C: A veces me siento del todo desesperado; incluso llego a considerarme como un acontecimiento cómico en el mercado. (Se ríe)
J.V: ¿Cómo reaccionas ante este fenómeno, un poco comparable con el que le pasaba a Dylan hasta hace poco, de que millares de jóvenes del mundo esperen de ti, como de una especie de profeta, secretos revelados, o respuestas a sus problemas más apremiantes?
(Su respuesta es semejante a la de Dylan, cuando le preguntaban sobre el mismo tema. Por cierto, me encanta el comentario de Dylan ante la noticia del premio nobel a Dylan: “es como si le pusieran una medalla al Everest por ser la montaña más alta del planeta”)
L.C: Yo no sé si tengo algo que enseñar, pero me he hecho la promesa de decir todo lo que sé. A veces me veo simplemente como un mal ejemplo; si la enseñanza existe en este sentido, entonces quizás... 

(Llegada de otros periodistas. Cohen se ha sentado en la alfombra, imitado por casi todos)
Pregunta de una periodista: ¿Puedes tratar de definirte, con tu principal cualidad y tu principal defecto?
L.C: Me es muy difícil hablar de mí mismo, he hablado tanto de mis obras que siento hasta vergüenza de hablar aquí ahora.
Pregunta Periodista: ¿Lees los artículos y las críticas sobre ti?
L.C: No, para mí cuando hay crítica, es la crítica la juzgada.
P.P: ¿Cuál es tu concepto de la felicidad?
L.C: Un tipo de música, de colores... No, no me siento capacitado para hablar de ello. Pero entiende que no es que busque esquivar tu pregunta, pero debo ser honesto con lo que sé, y sé que cuando hablo de felicidad suena a falso. He leído a autores y a maestros que saben devolver, quizás, a las gentes sobre "el camino recto", pero mi papel no es estar entre ellos.
P.P: ¿Crees que vives de acuerdo con tus normas?
L.C: Tengo muchas normas ocultas; mi preocupación es eliminarlas. Eso, creo que es mucho más importante para cada uno de nosotros que querer alcanzar modelos ya conocidos. Estamos aquí en una difícil situación. Yo estoy aquí porque los medios de comunicación tienen hambre de manchar papel y de llenar el tiempo de antena, y yo lo comprendo, pero eso es una consecuencia bastante extraña al hecho de que un hombre escriba canciones.
Jacques Vassal: ¿Qué opinas de la gente que hace canciones políticas?
L.C: Hay una guerra, y nadie en mi opinión puede escapar de ella; y la gente tiene maneras sutiles y menos sutiles de combatir... No sé... Hay una especie de conflicto vicioso que nos concierne de alguna manera a todos; en un sentido, todos combatimos, en otro todos colaboramos, y yo no sé quién es el enemigo...

J.V: ¿Aceptarías cantar en África del sur o en España? (recordar que es una entrevista de los años 60, época franquista)
L.C: Sí, me gustaría hacerlo. No sé lo que ello 'probaría', pero si fuera posible dejar una nota de paz en el aire, valdría la pena hacerlo. Yo sé que en muchas partes del mundo hay gente hambrienta por ese tipo de nota. Muchas naciones y muchas personas se han hecho intolerables. Yo mismo, en un sentido, me he hecho intolerable... Los regímenes opresores no son más que manifestaciones externas de un trastorno total.
Pregunta Periodista:¿A qué característica de tu obra atribuyes el hecho de que numerosos jóvenes se sientan reconocidos en ella?
L.C: Encuentro muy difícil hablar del efecto de mis canciones. Es como si tuviera la voz de la autenticidad. Recuerdo un poema español que venía a decir, poco más o menos: "El Canto Verdadero pasa de labio en labio, de corazón en corazón, sin que nada lo pueda enjaular ni detener". Y así es como las canciones han tomado una verdadera importancia en la actualidad, no sólo las mías... Vivimos en una gran época para las canciones... La Canción, o la expresión del Misterio...

Curiosamente, en esa entrevista no le preguntaron sobre el sexo, ni sobre el amor, a Cohen el amante del amor... Ni sobre la fuente de sus poemas y canciones. Ahí van algunos de sus comentarios y frases que podrían llenar ese hueco:
"Conquístame o piérdeme, para eso sirve la oscuridad" (de “Dama de medianoche”).
"Las más sutiles sensibilidades de la época están convulsionadas con el dolor. Lo que significa que un cambio está a la vuelta de la esquina".

En una fiesta en Nueva York, una jovencita le pregunta cuál es su pasatiempo favorito. Y Cohen, imperturbable responde: "la masturbación".
"Una de las razones por las que tenemos guerras periódicamente, es para que los viejos puedan disponer de las mujeres de los jóvenes y eliminar la competencia por sus posiciones sociales. En cuanto al contenido, nada puedo decir, excepto que existe como realidad psíquica. Es auténtica"
"Yo estoy totalmente por el matriarcado"
"Como un pájaro en el alambre, como un borracho en un coro de media noche he intentado, a mi manera, ser libre".
"Cuando veo la cara de una mujer transformada por el orgasmo que hemos conseguido, entonces sé que nos hemos encontrado. Todo lo demás es mentira".
"La poesía no es una ocupación, es un veredicto".
"El matrimonio no es una prisión, es un cementerio. El lugar donde muere el amor y donde puede descansar"
"He dado algunos conciertos en hospitales psiquiátricos, pero no lo he hecho por caridad, ni por sentido del trabajo. Lo hago porque les llevo alegría, porque esa gente está en el tono de mis canciones. Siento que las entienden, siento que están en el mismo paisaje que ve nacer mis canciones".
“Pero ahora estoy frío como una hoja de afeitar nueva/ y necesito tu amor oculto” (De “So long Marianne”).

En fin, lo mejor para conocerlo es escucharlo. Obvio. Su atmosferaza cambia en pocos segundos cualquier ambiente. Aquí dejo una muestra, ‘I can’t forget’, una de las canciones del gran álbum de los 80 ‘I’m your man’, donde está incluida su versión de Lorca.
Versos del estribillo: “y no puedo olvidar, pero no recuerdo qué / pero no puedo olvidar, pero no recuerdo a quién”.  





     



jueves, 20 de octubre de 2016

Algunos clubs (a partir del nobel a Bob Dylan)


Por Tesa Vigal

Preguntas al viento:

*Requisitos necesarios para que unos versos sean literatura.
*Para cierta gente del mundo literario ¿poemas son sólo versos publicados en un libro llamado poemario?
*¿Cuál es la diferencia entre versos de un poema y los de la letra de una canción?
*¿Por qué, o para qué algunos rechazan que alguien sea un poeta, llamándolo cantante? (ignorando además que se trata de un músico que toca instrumentos y compone?)
*¿Por qué tras juzgar frívolamente a alguien, sin haberlo leído, no se reconoce el prejuicio y se hace pública la opinión? ¿Inconsciencia? ¿mezquindad? ¿obsesión clasificatoria...? 


El perseguidor de 'Duel' visto por el espejo
Para mí, no se trata de escribir versos, sino de ser un poeta. Pero por la flipante reacción de algunos, debe ser cosa de clubs más o menos privados. Supongo que habrá de muchos tipos. Este verano, conocí uno que incluía en su descripción la palabra "racionalista", vete a saber por qué, ya que ignoro sus requisitos para entrar, íbamos invitados por la organizadora de la proyección en una de las salas. Eso sí, los trámites para acceder eran muy sugerentes, sólo faltó aprender alguna contraseña. Las preciosas escaleras, parecían modernistas, años 20, estaban prohibidas y tenías que llamar al telefonillo del portal, decir que ibas a la proyección y luego subir en un diminuto ascensor. La película que vimos era la turbadora ópera prima de Spielberg 'El diablo sobre ruedas' ('Duel' título original y más apropiado). Cuenta la historia de alguien que persigue a alguien sin motivos racionales, y el perseguido entra en su juego también movido por su inconsciente. Es decir, la misteriosa esencia del ser humano puesta en evidencia, que dirige nuestras vidas por mucha apariencia sensata que tengan nuestras acciones, incluso nuestros ideales. Supongo que, por eso, nunca se ve la cara del conductor, sólo su incomprensible camión.


Y hace un mes estuve en un local, en la sugerente calle del Codo, donde vi la impresionante '12 hombres sin piedad' ('12 Angry men' título original) de Sydney Lumet, con un inolvidable Henry Fonda, sobre la pasmosa ligereza de alguna gente para juzgar a quien no se conoce... 

He recordado todo esto, al asociarlo al alucine de ver tan revueltos a algunos escritores, indignados porque Dylan no reunía los requisitos para pertenecer al club de los escritores. Según ellos, porque hay que respetar los campos, y lo de Dylan son las letras de canciones. Como llevan música ya no pueden ser poemas (olvidando que el origen de la poesía está fundido con la música). Es decir, para ellos un poeta debe publicar versos, aunque sean lo más alejado a la poesía que pueda leerse, lo que lleva a la conclusión de que no les interesa la poesía sino la cuidadosa clasificación (¿O será otro tipo de sentimientos?).

Cohen
En fin, tiene un punto tan absurdo que da un poco de pena. También habló alguien de su falta de calidad literaria, lo que probaba que no se habían molestado en leerlo. Otro, parecía admitir calidad en algunos músicos -menos mal- pero él prefería a otros citando a Leonard Cohen (coincido, amo a los dos). Yo diría que ambos son maravillosos, los versos de Cohen más clásicos, los de Dylan más torrenciales, imaginativos.


Naturalmente no estoy hablando de gustos, eso viene después de leer a quien sea, sino de rechazar a Dylan por prejuicios varios.  Me pregunto si su rechazo se debe a un menosprecio por la música, el rock, la contracultura... con toda su huella alargada de libertad, ecología, psicología, arte, filosofía, feminismo, sexualidad sin etiquetas, chamanismo...  Por mi parte siempre sentí a Dylan uno de los grandes poetas del siglo XX y ya hablé de él en este blog:
http://cuadernosdionisiacosdelalunapalida.blogspot.com.es/2011/12/la-turbadora-experiencia-de-bob-dylan.html

Por el contrario, han habido escritores que opinan que el premio ha sido merecido. Por ejemplo Pere Gimferrer, Cristina Fdez. Cubas, Salman Rushdie, John Ford, o la enorme aspirante a nobel Joyce Carol Oates. Y el comentario de Cohen que me encanta. Podría suscribirla por la obviedad: "es como ponerle una medalla al Everest por ser la montaña más alta". 

Por si alguien tiene curiosidad por explorar el laberinto Dylan, incluyo aquí un trailer de la inclasificable peli de Todd Haynes 'I'm not there'. Pero advierto que mi experiencia con los vídeos incluidos en blogs, es que de repente algunos desaparecen misteriosamente, al cabo de un tiempo. 



Acabo con versos de Dylan:
De 'Born in time': "Te me apareces en blanco y negro/cuando estábamos hechos de sueños (...) En las colinas del misterio/en la brumosa red del destino,/puedes quedarte con lo que quede de mí,/donde nacimos a la vez"




   

viernes, 9 de septiembre de 2016

El melancólico encanto de Cafe Society (peli olvidable de W. Allen) y la curiosidad de la pequeña Elvis&Nixon de Liza johnson


Por Tesa Vigal

Además de haber vuelto a leer 'El palacio de la luna' de P. Auster (hablaré de él en el blog de libros porque se merece un aparte, sigue siendo un estremecimiento memorable), sigo aquí con dos películas recientes, más o menos interesantes, más o menos deliciosas: 'Cafe society' de Woody Allen y el humilde encanto, descolocador, de 'Elvis&Nixon' de Liza Johnson.

'Cafe society' es una de las pelis de W.Allen que me dejan casi indiferente, lejos de la honda impresión que me transmiten otras, pero aun así mientras la veía seguía encontrándome con ese toque tan personal, que huele a auténtico aunque sea en tono menor. Me admira de él su falta de pretensiones, acogiendo cualquier tema en historias concretas que respiran a ras del suelo, aunque no siempre tienen alas. Aquí se cuenta la historia de un chico que llega al Hollywood de los años 30 (Jesse Eisenberg), para que su tío (Steve Carell), con un puesto importante en un estudio, le dé trabajo. Llega desde el barrio de Brooklyn de N.York, dejando atrás una modesta familia, uno de cuyos miembros tendrá un papel decisivo en su vida, a pesar de ser su hermano el matón con querencias mafiosas bastante peligrosas. 

Su historia amorosa con una chica de Hollywood (Kristen Stewart) tiene la fluidez de lo corriente, sin nada especial, ni siquiera el que exista una tercera persona, y quizás esa visión desde fuera le pone el toque triste de la eterna fragilidad, entre conmovida e indiferente, convirtiendo a sus dos protagonistas en una pareja más de las que viven la melancolía de la equivocación, la mirada remota en una fiesta de nochevieja, la ausencia de la pasión necesaria para empezar desde cero y que sólo alcanza para contemplar la propia vida desde la lejanía, desde la falsedad de lo inevitable, la comodidad de lo conocido. Desde la resignación, aunque eso no lo sabemos con seguridad porque la historia se acaba con esas miradas.

La película 'Elvis&Nixon' despertó mi curiosidad por el episodio extravagante que relata de la vida de Elvis, su visita a Nixon en 1970, y que yo desconocía. Sucedió en la época de aislamiento de Elvis en su casa de Graceland, envuelto en estupor y tristeza barbitúrica, sintiéndose al margen de los nuevos músicos hippies, pero sin poder evitar ser él mismo hasta el final, expresando en ese encuentro su faceta más ingenua, infantil, y hasta lúdica.

Me encanta el episodio por humano, desconcertante, contradictorio, extravagante, descolocador, como el propio Elvis (por cierto, es curioso que el actor de la peli sea menos guapo que Elvis). Creo que es su propia persona, aparte de ser el rey del rock en la historia de la música y el primer chico blanco que bailaba como un negro, lo que le mantuvo a través de las décadas en el corazón y los discos de sucesivas generaciones. 



Como en los japoneses de aire punky, en los años 80, de la película de Jarmusch 'Mystery train', que llegan a Menphis para visitar la casa museo de Graceland y se hospedan en un hotel de mala muerte, cuyos dueños son amantes de la música de Elvis, con fotos suyas en todas las habitaciones, y cuyos recepcionistas son dos negros conmovedores, a modo de "el gordo y el flaco" del cine mudo, enzarzados en conversaciones con toques surrealistas. A ese hotel, acuden también el resto de personajes de la historia y una de ellas, una italiana, recibe en su habitación la visita del fantasma de Elvis, tan perplejo como el Elvis de su última época, preguntando a la italiana: "¿Dónde estoy...?", antes de desvanecerse. 

Escribí sobre esta peli y otras de Jarmusch en el blog de cine y en éste mismo:


El fantasma de Elvis en 'Mystery train' 
La misma extrañeza, y parecido desconcierto, laten en los motivos que llevaron a Elvis a escribir una carta en un avión al presidente, ofreciéndose como agente encubierto independiente (un puesto y una placa inexistentes como le aclaran todos), para luchar contra las drogas que están matando a tantos chavales (y como le sucederá a él mismo 7 años después), y de paso contra los comunistas que según la tele eran muy anti americanos. Esas son las explicaciones que él mismo va dando y que por supuesto desconciertan a unos y despiertan el recelo y la incomprensión de otros de los implicados.

Los propios ayudantes de Nixon tienen que convencer al presidente de lo conveniente de aceptar su visita, con la teoría de que así puede que consiga voto joven, aunque finalmente lograrán convencerlo avisando de la posible visita a las hijas de Nixon que, a su vez, pedirán a su padre una foto dedicada de Elvis. El presidente, como es lógico (él sí) pasa de Elvis y se siente igual de desconcertado por aquella carta con tachones, escrita en un avión y entregada personalmente en la puerta de la casa blanca, a dos guardias que le miran con igual perplejidad.

Además de divertida, la escena del encuentro tiene algo de conmovedor esperpento al ver al roquero Elvis pasar del protocolo, que le han indicado seguir, sentándose en el sofá en lugar de la silla frente a la mesa del despacho del presidente, empezar a picar los dulces de la mesa y pedir un abridor para la botella de refresco, ambas cosas reservadas para Nixon. Pero es más delirante aún el resultado del encuentro, ya que le dan la placa para que se calle, como un juguete a un niño, y a pesar del absurdo, a la salida Elvis les cuenta a los dos amigos que le han acompañado que, para conseguirla, ha tenido que cargarse a los Beatles hablando mal de ellos. 


Sin embargo, Elvis pertenecía a la banda de los corazones solitarios del Sgt. Pepper. Los Beatles le reverenciaban y quisieron conocerle cuando estuvieron de gira en Estados Unidos, en el verano de 1965. Pero no existen fotos del encuentro, porque todos estuvieron de acuerdo en que tendría que ser un encuentro privado, sin periodistas ni fotos. Sólo quedan algunos comentarios de los asistentes, la timidez de los cinco al encontrarse cara a cara, y que acabaron tocando juntos por iniciativa de Elvis, repartiendo guitarras que tenía por allí. 

'Out of the blue'
También era huésped del hotel de los corazones rotos, como en su canción del mismo título, que la adolescente punky de la película de Dennis Hopper 'Out of the blue', escuchaba constantemente. 




Y es que algunos descolocan, como Elvis, sólo con ser ellos mismos. En fin, siempre me gustó Elvis (memorable su música de los 50). Nixon, no. 

sábado, 23 de julio de 2016

Pistas de Marlowe, huellas de Patti Smith, silencios de Mickey Rourke


Por Tesa Vigal

El detective Marlowe, el más melancólico, el protagonista de los libros de Chandler, investiga al saxofonista que suele tocar por las noches, en verano, a la puerta del cine Renoir, un jazz tan melancólico como él, quizás eso es lo que le intriga. Otro motivo podría ser que el músico y su saxo se han colado en la peli 'el sueño eterno', quizás a través de la frontera entre las sensaciones solitarias del chico de la moto (Mickey Rourke) en 'la ley de la calle' (foto abajo) y la voz de Patti Smith recitando a Rimbaud. 




En cualquier caso, todo ello forma parte de lo que alimenta aunque no se coma, por lo cual es tan necesario como el aire, aunque varía según gustos personales (tan misteriosos como todo lo demás), que también pueden investigarse pero es absurdo juzgar. Conviene recordar lo que decía Henry Miller sobre la poesía ( y que suscribo, aunque no recuerdo literalmente la frase): "no se trata de erudición sino de sensibilidad". Por cierto, lo decía en un librito único, a partir de la figura de Rimbaud, y que puede que deje perplejos a lectores de sus trópicos, de Cáncer y de Capricornio, si no se han fijado en su fondo dionisíaco y sólo en sus peripecias por París: 'El tiempo de los asesinos', en alianza editorial, pequeño de tamaño y desbordante en su alma apasionada. 

Escribí sobre él en el blog complementario de libros con aliento http://librosconaliento.blogspot.com.es/2014/12/la-poesia-en-estos-tiempos-el-tiempo-de.html  


Viendo la última peli de Linklater 'todos queremos algo' sentí que me sabía a poco, pero claro para mí son memorables sus anteriores: 'Boyhood' y su trilogía de 'antes del atardecer...' etc. Eso sí tiene su misma fluidez atrapadora en la manera de contar, pero el encanto se queda corto, a pesar del personaje típico de la contracultura de esos años (1980), volcado en sus experiencias perceptivas (con petas y sin ellos) (foto dcha.) y su afán de realización personal al margen de lo práctico, o lo usual, que está personificado en los demás personajes, interesados sobre todo en sus hormonas estudiantiles (con alcohol o sin él). 


Pero el protagonista me resultaba algo insípido, quizás porque tenía un aire a Matt Dillon en 'Rumble fish' ('la ley de la calle' foto izda.), aunque el parecido se limitaba a lo físico. El magnetismo de Matt Dillon es sólo de Matt Dillon, y no digamos el de su hermano en la peli Mickey Rourke. 





Escribí sobre ella en el blog complementario película secreta
http://peliculasecreta.blogspot.com.es/2014/09/rumble-fish-la-ley-de-la-calle-de.html 

El otro día me dio pena que la gente que me acompañaba no disfrutaran, tanto como yo, con una peli en el cine Bellas artes: 'El sueño eterno', de H. Hawks. Sólo uno comentó conmigo alguna de sus frases irrepetibles:
"-No es usted muy alto... / Hice lo que pude".
"-No me gustan sus modales / A mí tampoco, por la noche no me dejan dormir". 
"-Es usted muy mono (atractivo) / Nadie lo es". 


Ante mi sorpresa, lo que discutían era quién mató a quién, como si el cine negro fuese una historia de la tía Agatha (Christie). Recordé la anécdota que había leído una vez sobre el rodaje. Cuando el director, hecho un lío con la trama, decide preguntar al autor de la novela, tan atmosférica como la peli, y Chandler le da una respuesta de lo más significativa: "Y yo qué sé quién mató a quién, eso no es lo importante".

Me miraron con cierto recelo y me callé, sintiéndome asquerosamente rara por la incomunicación, y triste porque ellos no hubieran disfrutado con la atmósfera de la peli, sus diálogos, su humo, sus miradas (sobre todo la de Lauren Bacall), la lúcida melancolía del detective Marlowe-Bogart... La soledad en compañía me supo árida, me olió a rechazo, a absurdo, a cuneta polvorienta. Aún sabiendo que lo mejor era pasar del asunto, tomarlo con humor, pero en momentos frágiles pasa lo que pasa y acabé la tarde arrastrándome como un caracolito. En fin, para olvidarme bailé un rato al llegar a casa, con música de la Creedence. Y recordé a Patti Smith recitando a Rimbaud:








jueves, 12 de mayo de 2016

La libertad es interior o sólo una suposición: 'Azul' de Kieslowski


Por Tesa Vigal

'Azul' es la primera película de la trilogía de Kieslowski, dedicada a los tres colores de la bandera francesa: azul-libertad / blanco-igualdad / rojo-fraternidad. Cuando las estrenaron, en los 90, fue 'Azul' la que me impactó, y en su reciente reestreno hace un mes más o menos, la única que me apeteció volver a ver. De nuevo me impresionó la serena rabia con la que empieza desde cero su protagonista, una Juliette Binoche cuya interpretación me puso los pelos de punta. 

Esa aparente contradicción entre rabia y serenidad da lugar a una apabullante fusión, una actitud de entera sobriedad, sin concesiones, que abarca por igual a sus decisiones de vender algo, alquilar algo, destruir algo... tras desaparecer bruscamente su pasado en el accidente con el que comienza la historia, y que la coloca ante la posibilidad de enfrentarse cara a cara con la libertad. Con igual sobriedad se enfrenta y expresa sus sentimientos, aceptando lo que hay, dentro y fuera de ella. Y es su actitud lo que impacta, porque nace del centro de uno mismo, donde no sirven mentiras, ni vacíos formalismos, ni máscaras, ni siquiera furia. De nada sirve arremeter contra la lluvia, pero asoma la libertad en la manera de vivirlo. Justamente ahí reside el meollo de la libertad, que puede cambiarlo todo y crear infinitos caminos. 




La libertad no supone poder hacer cualquier cosa (se me ocurre que en ese caso desaparecería su vértigo misterioso), siempre hay circunstancias fuera de nuestro alcance, que nos vienen dadas como la lluvia, o el momento y lugar donde nacemos, la libertad es elegir cómo vivirlo aceptando las consecuencias. El vértigo de la dignidad interior, porque la dignidad no puede dártela nadie, y de ahí la naturalidad con que responde la protagonista a una propuesta de una vecina "en la que ya han firmado los demás vecinos": "No es asunto mío". La escueta decisión de dejar la vacía casa familiar, pendiente aún de venderse, a la amante de su marido, cuando se entera de su existencia y de que está embarazada. Porque la bondad no es debilidad ni tontería, sino todo lo contrario cuando es auténtica, y surge por lo tanto de la libertad, la empatía. 



La protagonista asume cómo se siente, aceptando que eso es lo que hay, y no hay por qué esconderlo, tampoco exhibirlo. Ambas cosas serían ya espurias, interpretaciones de un personaje tapando a la persona. Y, en este viaje interior, es fundamental el enorme magnetismo de J. Binoche, apenas sin palabras me transmitió todo lo anterior y algo más que desbordaba hondura, firmeza, fragilidad... Como en esa escena estremecedora en que descubre una rata, pide prestado el gato de un vecino, lo mete en la habitación para que se coma al roedor y a sus crías, y luego huye asustada, sin atreverse a volver a su casa, conmovida, vulnerable, hasta que recibe la ayuda de una vecina. 

Cada gesto parece surgir del fondo de un pozo. Cada mirada trata de entender el mundo misterioso que nos rodea y del que también formamos parte, sin poder evitarlo. Toda la historia está empapada de una atmósfera sin nombre, cuando todo acaba y comienza, en tierra de nadie. La libertad siempre es fronteriza. 

También me ha encantado el premio Nadal del año pasado, 'Cabaret Biarritz', de José C. Vales, melancólica novela envuelta en áspera lucidez, su huella laberíntica a través de la investigación de un periodista sobre varias muertes, ocurridas en los años 20, en la costa azul, bajo su apariencia alocada, vital, soleada. Caleidoscopio de miradas, suposiciones, cartas, interpretaciones, selección de recuerdos. Y la verdad escurriéndose entre los agujeros de la red que nos envuelve.

Y la gloriosa canción de Prince 'purple rain', cuyo final inesperado, instrumental, envolvente, la vuelve única, y sin embargo está cortado en la mayoría de los enlaces de internet. Por eso incluyo la versión original del disco, además de una actuación en directo en la que se ve cómo se las gastaba Prince en directo, y es un flipe ver algunas caras de los asistentes:

http://es.musicplayon.com/play?v=603996

Y aquí la versión integra con el largo final incluido: Ejem, sintiéndolo mucho el enlace lo han retirado, así que recomiendo que lo escuchéis en el disco del mismo nombre, es la última canción. Es una pena que amputen ese final tan único en todos los vídeos. Pero ahí está la actuación del enlace de arriba.






          

domingo, 3 de abril de 2016

Mejor no lo leas si no te interesa el arte (a partir del documental 'Hitchcock Truffaut')

Por Tesa Vigal

O si no te intriga su realidad: de dónde surge la necesidad humana de contar historias. Como diría Lorca pan para el cuerpo y pan para el alma. O si confundes talleres con tertulias, o si crees que es posible aprender a escribir.

Claro que en ciertos casos es más determinante que en otros. A mí me salvó el arte, en una de esas infancias con olor a azufre y asfixiante silencio. Libros y películas me hicieron descubrir que existen todo tipo de personas, lugares, situaciones, tiempos, que el mundo es enorme y laberíntico como cada persona, que los bichos raros también tienen derecho a vivir (además de apuntar al misterio que empapa la vida), que los callejones sin salida contienen puertas secretas, que las trampas, las tormentas, la desolación pueden revelar significados si los vives con la actitud aventurera del viaje a Ítaca del poema de Kavafis (la meta es el camino). Y el indio don Juan Matus, por boca de Castaneda, lo puntualizaría en una frase impresionante, sólo para indios aunque seas rostro pálido: "la gente vive todo como una maldición o una bendición, el hombre de conocimiento lo vive todo como un desafío".

Isak Dinesen (Karen Blixen)

El arte enseña a vivir, no de manera didáctica sino explorando, por eso lo creativo se basa en el juego. Todos los niños lo saben, metiéndose por completo en la historia que recrean, y esa es la autenticidad que comparten los artistas, de la que habla el interesante documental sobre las conversaciones entre Truffaut y Hitchcock, que dio lugar a un libro mítico en los 60. Fascinantes las imágenes de sus películas seleccionadas, con todo el peso vital de un sueño. En este sentido van dos frases de la escritora Isak Dinesen (Karen Blixen): "Lo mejor de mi naturaleza se revela en el juego, y el juego es sagrado". Y: "El auténtico arte siempre debe suponer cierta brujería". 

Otro efecto complementario es vivir más, por arriba, por abajo, y por ambos lados. La empatía surge de manera inevitable y las etiquetas se deshacen en el polvo de lo absurdo y la incomunicación. En los matices está la inteligencia de las cosas y la libertad se percibe tan necesaria como el aire. Más tarde, me fijé en que los sueños eran nuestro cuaderno de bitácora y además usaban el lenguaje analógico, simbólico del arte. Con ellos aprendí que lo real es la experiencia, lo que se vive, ya sea en un sueño, o en la vigilia, en la ficción o en lo cotidiano más pedestre. Si en un sueño nos persigue un vampiro, sería conveniente observar con cuidado a la gente que nos rodea, aunque en apariencia carezca de colmillos, los tiene. Y si aparece una llave... Puertas cerradas, secretos, tesoros, claves... Ese es uno de los objetos favoritos de Hitchcock en sus pelis, por ejemplo en su fascinante 'Notorious'. 

La llave de 'Notorious'

Comparto la opinión de que los sueños y la imaginación creativa tienen la función de explorar, completar, revelar la esencia de la "realidad". Como decía Orson Welles: " el arte es una supuesta mentira que sirve para contar la verdad". También desvelan parte de ella los ensayos y el periodismo, aunque su alcance es menor a pesar de que los datos y las ideas son importantes y necesarios, pero al no ser una historia no puede ser vivido y sólo la experiencia alcanza al ser humano entero. Por eso me asombra cuando escucho a alguien decir que la ficción es mentira, puede que se esté defendiendo con esa postura reductora, es comprensible, pero no me sirve porque mutila la vida.

Las historias enseñan a imitar, evitar, descubrir, bucear, ponerse en lugar de, conocerte y conocer a los otros. Y creo que la presencia de estos efectos, o su ausencia, es lo que marca la diferencia entre un libro o una peli vacía, falsa, o sólo mental a modo de ensayo, de una obra creativa. Otra frase, de Truman Capote: "entre la gente que escribe, están los escritores y están los artistas". Por eso creo que no se puede enseñar a escribir. Mejor dicho, se puede enseñar a escribir correctamente y también un montón de fórmulas, trucos argumentales para captar al lector que sólo quiere distraerse, o matar el tiempo, algo que me parece estupendo si lo disfrutan, aunque es otra cosa de efecto más pequeñito. Pero escribir creativamente no admite trucos, es otro mundo (tengo que reconocer que soy una romántica). Escribiendo te conectas a no se sabe dónde, desapareces y sólo está la historia que quiere ser contada. Por eso la corrección consistiría en encontrar la trama, o palabra exacta que lo logre. 

Truman Capote

Incluso si se trata de relatar un pasaje biográfico, para completarlo y revelar su verdad más profunda a veces es necesario modificar detalles, igual que hacen los sueños. Sin embargo, tratar de simplificar la vida es muy humano, una defensa ante el vértigo de su misterio. Una vez escuché el tono, curiosamente defensivo de alguien, afirmando categóricamente que escribir es un oficio. Estoy de acuerdo en su parte más técnica, pero sólo la técnica no crea arte. Y percibo una falsa humildad en ello. No lo entiendo, tan natural es un lado como el otro.

No sólo el arte es vital, también puede ser algo vivo hablar sobre él. Una tertulia es gente charlando fluida, libremente, y si lo hacen con sensibilidad no habrá lugar para lo didáctico, ni para la simple curiosidad intelectual. Eso tiene también su lugar, interesante aunque más limitado, pero es mejor no confundirlo para saber dónde te metes. En los últimos tiempos me parece que abunda esa confusión. 

Henry Miller
He asistido a tertulias, o clubs de lectura, donde me encontré con una persona, o un grupito de amigos, que ponían un libro sobre la mesa elegido por ellos (o lo tomas o lo dejas como las lentejas), sobre el que desplegaban sus loables motivos didácticos, incluso leyendo al principio un párrafo informativo sobre el autor (como si cualquier interesado no pudiera encontrarlo en internet). Tras ese momento de perplejidad, iban dando turnos de palabra, porque admitían a cuanta más gente mejor, evitando así una charla fluida. En fin, echo de menos las apasionantes conversaciones que he disfrutado en otros momentos de mi vida, surgidas sobre la marcha, o decidiendo entre todos un tema como punto de partida, que no de llegada. 

Acabo con varias frases más. Una de Camus: "Si el mundo fuera claro, el arte no existiría". Otra de Aristóteles: "La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia". Y una referencia al fascinante, insólito librito de Henry Miller sobre la poesía partiendo de Rimbaud, del que ya he hablado en el blog de libros con aliento: 

Para H. Miller la poesía no es cuestión de erudición sino de sensibilidad. Este es un librito de apasionada defensa de la poesía, como la auténtica actitud revolucionaria, que sorprenderá a los que sólo hayan leído sus trópicos, porque desborda espiritualidad, romanticismo, arrebato, aunque para mí ambas facetas se complementan como parte de su alma dionisíaca. 
Y esto es lo que se me ha ocurrido, no se sabe para qué, a partir del documental sobre las conversaciones Truffaut-Hitchcock, que me ha encantado.

sábado, 27 de febrero de 2016

8 películas con toque


Por Tesa Vigal

Todas ellas interesantes, con momentos que rozan lo memorable, por eso las recomiendo, aunque echando de menos ese algo que las convierte, para mí, en irrepetibles. Pero recuerdo que yo no pretendo hacer críticas, tampoco pretendo acercarme a lo objetivo, sólo escribo reseñas, sólo mis impresiones personales (por eso me interesan tanto las de los demás), esa huella única que deja en cada persona una visión diferente de lo que sea. Y advierto esto, tan obvio, porque hay gente que sí aprecia niveles considerables de calidad en estas 8 pelis. Yo no tanto, pero me han gustado bastante.

Por orden alfabético: 
Carol de Todd Haynes / 45 años de Andrew Haigh / La juventud de Paolo Sorrentino / Mia madre de Nanni Moretti / El puente de los espías de Spielberg / Spotlight de Tom McCarthy / Sufragistas de Sarah Gavron / Truman de Cesc Gay.

Carol
De Todd Haynes me quedo con su peli 'I'm not there', tan laberíntica como el propio Dylan y sus diferentes facetas. En ella Cate Blanchett interpretaba a la faceta eléctrica de Dylan y se ganó merecidamente un oscar ese año. En 'Carol' volvió a transmitirme tantos matices por segundo que vuelve crónica mi admiración por esta actriz. Pero no se queda atrás su pareja, Rooney Mara, en esta historia tan sutil, tan atmosférica, que transmite las sensaciones imparables de enamorarse de alguien, cuando todo se vuelve escurridizo, intenso, leve, brumoso, hondo, irreversible... Y así son muchas de las imágenes para plasmarlo, como ciertas miradas y los reflejos de reflejos a través de las ventanillas de un coche.

45 años
Y hablando de miradas, la de Charlotte Rampling siempre fue de las que calan. Ella protagoniza '45 años', la historia de un derrumbe personal cuyo detonador es una carta que llega, pero no lo provoca en realidad ese hecho sino la manera de vivirlo. Un matrimonio basado en una apuesta ilusoria, sin culpables. La melancolía tiñendo delicadamente el pasado, hasta convertirlo en rabiosa frustración. Si fuera música, esta peli sería un tema de jazz a contrapelo. 

Creo que sin la presencia inmensa de Michael Caine y Harvey Keitel, 'La juventud' se desinflaría. El primero vive su vejez sin ilusión, sin amargura, sin intenciones, centrado en lo cotidiano con una sobriedad que le lleva a rechazar la petición de la reina, para que vuelva a dirigir un concierto, porque no le
La juventud
apetece. A esas alturas de la vida lo natural es, por fin, expresarse. También quiere expresarse Harvey Keitel, pero dirigiendo su última película, esto es, creativamente. Él vive su vejez como una última etapa de duración desconocida, sabiendo la diferencia entre vivir y sobrevivir, y actuando en consecuencia. Y si digo esto no es por hablar de la trama, sino porque ambos actores lo transmiten con un melancolía, más o menos desesperada. Como uno de ellos le recuerda al otro: los sentimientos son la clave.

De 'Mia madre' me gustó la fractura en dos partes de la vida de su protagonista. Por un lado directora de cine en pleno rodaje y por otro las visitas a su madre, que se está muriendo lentamente en el hospital. Historia sobre lo
Mia madre
pasajero que pervive y la permanencia de lo fugaz. Cuando aparentemente es lo mismo, pero no. Y me encantó la presencia del gran actor John Turturro, como un actor americano que se suma al rodaje de la peli, cuestionándola por el simple hecho de ser él mismo: insoportable, chiflado, encantador, torpe.

En 'El puente de los espías' me atrapó la fluidez, casi mágica, de la historia de ese abogado (que existió en realidad) que defiende en serio a un espía ruso detenido, a quien todos quieren ver muerto, exigiendo pruebas y echando por tierra otras, (y no sólo para quedar bien legalmente como le piden el juez y el fiscal). Aparte de que la opinión pública le detesta, hay quien llega a disparar a
El puente de los espías
través de la ventanas de su casa. Y ese tema de no poder actuar más que de la forma que se actúa, pase lo que pase, que suele traer problemas, siempre me fascinó porque la gente que lo hace suele ser incomprendida o malinterpretada por muchos. En este caso también es jodido ser un bicho raro. Y me encanta el espía ruso (que también existió) con su pinta de hombrecillo inofensivo, que vivió durante más de diez años infiltrado en Estados Unidos. 

En 'Spotlight' está Mark Ruffalo (me encanta ese actor) y además rescata la historia de una investigación periodística, eso que espero que nunca desaparezca, a pesar del declive de los medios de comunicación, cada vez más rápidos, aunque eso implique ser un mal periodista que no contraste fuentes ni noticias, y menos profundos. En este caso la investigación sobre los
Spotlight
abusos de la iglesia católica a niños, que se llevó el premio pulitzer 2003. Pero a la forma de contar la historia le falta algo de mordiente, de emoción, a pesar de Ruffalo. Y yo recordaba, sin querer, la inolvidable 'todos los hombres del presidente' de Pakula con los maravillosos Dustin Hoffman y Robert Redfort.


'Sufragistas' es necesaria, interesante, conmovedora por el tema que trata. Hay gente que no sabe que fueron las primeras mujeres en la Inglaterra de hace 100 años, que lucharon para conseguir el voto femenino (doy fe, alguien me preguntó qué era eso, a la puerta del cine). Pero eché en falta más hondura en la vida personal de sus protagonistas. Precisamente porque todos moriremos y
Sufragistas
dentro de un tiempo nadie nos recordará, me conmueve lo único, intransferible de cada vida humana. Todos somos prescindibles, pero todos somos insustituibles. Lo mejor, la enorme humanidad que transmite la gran actriz Carey Mulligan (a quien descubrí en 'Shame'). Y su papel divulgador, claro, de que sólo hace 100 años, ninguna mujer en todo el planeta existía por sí misma más que como propiedad de su padre, su marido, o su hermano. 



Truman
'Truman' es el nombre del perro de uno de los dos amigos de esta historia agridulce, en circunstancias excepcionales. La forma de vivir implica la forma de morir. Cuando se hace evidente que ayudar a alguien es hacerlo cuando el otro lo pide y dándole, si podemos, lo que pide. Y no lo que consideramos mejor para él. Jodido tema. Entrañable, melancólica historia con dos grandes actores como Javier Cámara y Ricardo Darín. Sobre el lugar cotidiano que a veces logra lo extraordinario, y cómo resolverlo.